Una historia de lucha
Martes 19 de abril de 2011, por Juan Carlos Seia *
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El Diario del Centro del País de Villa María, en el cual trabajo desde su fundación cumplió 27 años el 1° de abril. Si para cualquier emprendimiento humano perdurar es difícil, lo es más para un medio de comunicación que no está atado al carro imperial de los grupos económicos concentrados.

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* Periodista de El Diario del Centro del País de Villa María, Córdoba, empresa recuperada por sus trabajadores de prensa y gráficos

Muchos de quienes están ligados al Cispren son testigos y protagonistas de importantes jalones de la historia de El Diario. Al punto que su primer secretario de Redacción fue el recordado compañero Oscar Garat, una figura central en el nacimiento de nuestro sindicato unificado.

Abril de 1984 era el cuarto mes en que se vivenciaba la democracia recuperada después de los siete años de horror de la dictadura. Era una época de esperanzas, de nuevos comienzos, donde la prensa nacional recobraba su sentido y su prestigio, con labores dignas como las de, entre otros, la revista Humor y EduardoAliverti, en la senda del ejemplar Rodolfo Walsh.

Dignidad que no fue la generalidad en los medios de comunicación, ni lo es todavía.

Pero 1984 era el comienzo de esta era. Y con esa ingenua ilusión salió a la calle el primer ejemplar de El Diario. Para Villa María tenía la originalidad además, de ser el primer diario impreso en offset, y el primero en ser literalmente un diario, ya que los anteriores medios escritos no aparecían los domingos.

En las Olivetti Lexicon, tecleaban experimentados escribas como Guillermo Fiesta, Eduardo Muscará, Carlos Sachetto, Héctor Bernaus, Bernardino Calvo, Raúl José, o jóvenes aspirantes, como Daniel Rocha, Marta Bruno, y quien escribe.

Después del venturoso nacimiento, vendrían los conflictos internos, a veces provocados por las condiciones políticas y económicas que vivió la Argentina. A sólo tres años, despidieron a nuestro director y al columnista político, en lo que fue la primera gran crisis del medio.

A los cinco años, la hiperinflación lo hizo trastabillar, y casi cae.

En 2001, el embate ya fue de tal magnitud que había pocas opciones fuera de la quiebra. Pero hallamos un camino: la cooperativa de trabajo, que resultó un recorrido posible. Toda historia es particular, y la nuestra lo es. Tal vez en esas particularidades esté la clave de nuestro destino, que no derivó en el acostumbrado cierre de empresas, en despidos masivos, vaciamientos, o procesos similares.

Tal vez aquella ingenuidad de los fundadores del matutino, de creer profundamente en la democracia, en la independencia del poder de turno, a pesar de las defecciones cotidianas, se transmitió con el correr de los años a los nuevos trabajadores de prensa. Y sobre todo, se reflejó en las páginas del diario, en una línea editorial un poco contradictoria, pero siempre procurando ser creíble y abierta a todos los matices del pensamiento de la comunidad.

Tal vez fueron nuestras familias, nuestros amigos, nuestras fuentes informativas, nuestros lectores, quienes nos dieron la señal necesaria para no claudicar.

Cuando el 13 de diciembre de 2001 los trabajadores nos hicimos cargo del diario, traíamos ya en nuestra tradición interna, una gimnasia de confrontación y negociación que nos dio algunas gloriosas derrotas, y ciertos triunfos a lo Pirro. Pero que a la larga, esa gimnasia nos mantuvo alertas, rearmando cada vez con más esmero nuestra fuerza interna, aprendiendo de ese gran maestro que es el error.

No es común, por ejemplo, leer en un diario que hubo una asamblea popular respaldando al director que han despedido… en ese mismo diario. Ni es habitual que trabajadores que no cobran su salario regulen sutilmente sus paros y asambleas, para evitar que caigan las ventas del producto de la empresa que no les paga.

Claro que la historia hubiera sido otra, si en lugar de tener empresarios al borde del abismo financiero, hubiéramos sido parte de un inmenso holding al estilo Clarín. Y muy otra hubiese sido, si detrás de nuestras incertidumbres e ignorancias, no hubiese estado el apoyo permanente de una organización sindical como el Cispren, que junto al gremio gráfico nos apuntalaron en el nacimiento de la Cooperativa de Trabajo Comunicar.

En aquel momento trágico de la vida nacional, teníamos un objetivo de mínima: conservar el trabajo por dos años más. Hoy, no sólo hemos superado con creces esa meta, sino que hemos casi duplicado el número de asociados, y hemos conseguido la primera sede propia para el diario, y una rotativa cuatro veces más grande que la que recibimos de los anteriores dueños.

Y es necesario aclarar, para que sirva de experiencia a todos los que quieran tomarla, que quienes llevamos adelante este resurgimiento de El Diario somos seres humanos absolutamente comunes, con ninguna experiencia empresaria anterior, y con la misma carga de defectos y virtudes que los demás villamarienses.

Si algo hemos puesto de fundamental en esta tarea, fue el respeto a nuestra tradición gremial, y la fuerte convicción de que las soluciones que se consiguen colectivamente son las más seguras y duraderas.

Como se ha dicho, cada historia es particular, y hay muchas maneras de vivirlas, y de contarlas.

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