Francisco, un avance para América Latina
Lunes 25 de marzo de 2013, por Adolfo Aguirre *
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La reciente elección de Jorge Bergoglio como máxima autoridad de la Iglesia Católica representa un cambio importante en el posicionamiento internacional latinoamericano: el Papa se convierte ahora en un actor fundamental en pos de un diálogo mundial acerca de la pobreza, la desigualdad y la precarización laboral que se vive en los países del Sur de nuestro planeta.

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* Secretario de Relaciones Internacionales de la CTA Autónoma.

Muchas han sido las opiniones que suscitó la figura de Jorge Bergoglio a partir de su nombramiento como Papa el último miércoles. Una amplia mayoría de argentinos, no sólo católicos, sino de todas las creencias y clases sociales, sintió este hecho como un avance, como un sentimiento de orgullo.

Por otro lado, han surgido voces que critican el pasado del ahora Máximo Pontífice y lo vinculan con lo peor de la historia reciente de nuestro país.

Más allá de estas peleas de posicionamiento, lo cierto es que, en todos estos años, Bergoglio ha sido un referente y un ejemplo de compromiso social con los sectores populares y los trabajadores. Proveniente de la tradición jesuita, siempre se mantuvo cerca de la gente y tuvo un estilo que, caracterizado por su sencillez, le dio credibilidad a su palabra. Ha estado presente en los grandes temas que marcan el patrón de injusticia que vive nuestro continente: lucha contra la pobreza, la precariedad, la desigualdad, la explotación, la trata de personas, el narcotráfico, la informalidad y la tercerización laboral.

A pesar de ciertos cambios ocurridos en el nuevo siglo, y sopesando el hecho de que América Latina es hoy una región en un claro proceso de integración política y económica, al día de hoy la mayoría de los trabajadores se siguen moviendo en esa coyuntura social marcada por la injusticia.

Seguimos siendo el continente más desigual, tenemos altas cifras de desempleo, y, dentro de los que tienen la suerte de haber conseguido un empleo, hay una gran cantidad que se mantiene en la informalidad y la explotación.

Es por ello que la llegada de Bergoglio al Vaticano, no sólo latinoamericano y jesuita, sino también económicamente heterodoxo, abre tanto una oportunidad como un desafío. Es innegable que su presencia marcará no sólo un cambio de estilo, sino principal y fundamentalmente el salto a la primera escena mundial de las situaciones de pobreza y exclusión que diariamente vive la mayoría de los seres humanos de nuestro planeta, y que están fuera de la agenda política de los países centrales.

Tanto a América Latina, como a Asia y África, les llega la hora de plantear abiertamente y al unísono las injusticias a las que son sometidas, y de articular una política de cooperación para combatirlas.

La llegada de Francisco augura un marco más propicio para que los partidos políticos, las organizaciones sociales y sindicales, todos los trabajadores y sectores populares, repensemos y rediscutamos la relación Capital-Trabajo en el mundo globalizado de hoy. El tiempo dirá si Bergoglio finalmente se afianza como una voz disonante en el coro de obsecuentes que justifican, no sólo en su discurso sino fundamentalmente en sus acciones, el status quo imperante.

El reposicionamiento de América Latina como un actor de trascendencia mundial no debe despegarse de la tarea diaria que las organizaciones políticas realizamos con el fin de transformar nuestra realidad. Ello requiere tareas de reflexión y problematización que permitan la toma de conciencia de los hombres y las mujeres que día a día sufren la dominación y explotación, no sólo económica sino también cultural.

Las nuevas puertas que Francisco y su figura abren al internacionalismo pueden resumirse en el lema “Paz y trabajo digno”, que son los objetivos que buscamos quienes luchamos contra una realidad social que castiga diariamente a las mayorías. América Latina debe plantarse en el escenario internacional y defender esos valores, para así encauzar una lucha política en pos de la justicia social en el mundo.

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