Debate económico en Cuba
Miércoles 6 de abril de 2011, por Julio Gambina *
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Vengo de estar una semana en La Habana, Cuba, donde la población está discutiendo sobre algunos cambios necesarios en la economía cubana, y a mí me resulta interesante para comparar con el debate que al respecto ocurre en la Argentina.

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* Director del Instituto de Estudios y Formación de la CTA (IEF-CTA).

Un primer gran tema se asocia al comercio exterior, deficitario en la isla y superavitario entre nosotros, donde la producción agropecuaria está en el centro de la atención.

Los cubanos importan cerca de 2.000 millones de dólares en alimentos, para satisfacer la demanda del 70% aproximadamente de sus necesidades alimentarias, sean de la población como del creciente turismo de extranjeros.

En el caso argentino, la cosecha de 100 millones de toneladas, de las cuales el 51% es de soja, tiene destino principal el mercado externo. El resto se comparte entre el maíz, el trigo, el girasol y otros cultivos, buena parte destinada al comercio mundial.

En ambos países existe la preocupación por el crecimiento de la producción agropecuaria, pero a diferencia de la Argentina, la política agraria cubana está asentada en la entrega de tierras a productores individuales u organizados en cooperativas para la producción de alimentos.

El estímulo a la agricultura familiar y cooperativa es el rumbo definido en la isla, mientras que en la Argentina el resultado del desarrollo en el campo es la concentración y extranjerización de la tierra y la producción.

Otro tema de interés pasa por la eficiencia de la economía y el crecimiento de la productividad del trabajo. Es una cuestión que se discute en ambos países.

En la Argentina se manifiesta como disputa en la distribución funcional del ingreso, entre los propietarios de empresas y los trabajadores, mientras que en Cuba se define por nuevas formas de organización del trabajo más allá del orden estatal.

En nuestro país se concentra el debate entre los trabajadores regulares y los empresarios en las negociaciones colectivas de trabajo que involucran aproximadamente al 20% de la fuerza laboral del país, una minoría por cierto, que deja afuera a desocupados, subocupados y trabajadores irregulares.

En Cuba se discute que el Estado deje de ocuparse de peluquerías u otros servicios personales, tales como los de plomería, cuidadores de estacionamientos, paseadores de perros, u otras múltiples actividades de oficios, los que pasarán a resolverse, no sin facilidades de infraestructura otorgada por el Estado a un 10% aproximado de la fuerza laboral del país.

De 5 millones de población en edad de trabajar, el proyecto de desvinculación del empleo estatal para los próximos 5 años alcanza a unos 500.000 trabajadores, lo que llevó a muchos, especialmente fuera de la isla, a exagerar con que Cuba transitaba el camino del socialismo al capitalismo.

Ni la educación o la salud, ni los sectores estratégicos de Cuba, sea la energía, o los principales sectores de la producción tradicional de níquel o azúcar, o sectores nuevos, caso de la biotecnología, producción de medicamentos, o del sector petrolero, se piensa en sacarse de la hegemonía y dominación del Estado cubano. La mayoría de esos sectores están privatizados e la Argentina.

Si las discusiones sobre el ingreso en la Argentina se concentran en el salario y su actualización, en Cuba se extiende al conjunto del orden económico.

En nuestro país no se discute la macroeconomía en las empresas, si ni siquiera se incluye el debate sobre las condiciones de salud y medio ambiente de trabajo.

En Cuba se organizaron asambleas de trabajadores donde participaron más del 90% de los 3.500.000 trabajadores afiliados a las 18 federaciones sindicales de la Central de Trabajadores de Cuba, donde incluyeron importantes cambios a la propuesta original del documento congresal del partido de gobierno. Entre otras, aquella desvinculación de medio millón de trabajadores pensada para realizar durante el presente ejercicio fiscal ha sido ralentizada para materializarse en un periodo de cinco años y perfeccionando los consensos al interior de los colectivos laborales para definir la fuerza de trabajo necesaria en cada centro laboral. Para que se entienda, quienes definen la extensión y nómina de una plantilla laboral en Cuba, son principalmente los trabajadores de cada centro laboral. No es una decisión patronal o gubernamental.

Ambos países están excluidos del crédito internacional, por razones distintas, aunque la deuda externa es un punto en común y Cuba incorpora el bloqueo definido por EEUU.

La Argentina viene reinsertándose en el mercado financiero mundial desde el canje de deuda del 2005 y el riguroso pago a los organismos internacionales. Es un hecho a un costo gigantesco, donde las cancelaciones de deuda suman más que la factura de educación y salud en conjunto, mucho más.

Cuba intenta una inserción diferenciada, especialmente por afinidades diversas, con China por un lado, pero especialmente con la región latinoamericana, especialmente con Venezuela y los países del ALBA, la Alianza Bolivariana para los pueblos de las Américas, donde existe ya un Banco propio que empezó a caminar, ante la parálisis que aún impide el funcionamiento del Banco del Sur.

El ALBA experimenta el intercambio con moneda regional, algo que Argentina también lleva adelante con Brasil.

Son diferentes aspectos comunes que muestran diferencias sobre el rumbo del modelo productivo que impulsan nuestros países y sirven para pensar en términos de alternativas posibles al orden actual.

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