El orgullo de ser trabajador
Lunes 10 de enero de 2011, por Víctor De Gennaro *
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Estaba allí, recordando que en mi primer viaje a Brasil me sorprendió la sentencia resignada y triste de los compañeros: “acá, el que nace rico muere más rico y el que nace pobre muere más pobre”. Traía en mi valija el bagaje de una cultura signada por la movilidad social, aquello de “mi hijo el doctor” con que mis viejos soñaban una sociedad de desarrollo y futuro.

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* Ex Secretario General y de Relaciones Institucionales de la CTA. Coordinador Nacional de la Constituyente Social

Hoy, frente al abrazo emocionado y eterno de Lula y Dilma, él un trabajador orgullosamente sindicalista, y ella la nueva presidenta de Brasil, sentí que caían derrotadas aquellas impotencias. No con palabras sino con hechos incontrastables.

El primer presidente trabajador electo en toda América termina dos mandatos con el 87% de aprobación a su gestión.

Perdieron los agoreros que decían que no duraba seis meses, o que produciría la debacle económica hundiendo el país en la desesperanza.

No sólo no fue así, sino que con sentido común, sensibilidad y agallas demostró que hay un proyecto capaz de ser vivido como pueblo y Nación en el marco de una Latinoamérica que desborda las mezquindades de sus dirigencias.

No tuvo miedo a ningún debate, y privilegió el enfrentamiento a la pobreza, el salario, el trabajo, la igualdad social y el desarrollo productivo en todas las regiones hasta hoy olvidadas.

Lula fue más allá. Recuperó el orgullo del trabajador brasilero y amplió la pasión latinoamericana saldando una deuda pendiente. Cómo no recordar su visión estratégica, pero también su afecto y generosidad, no yendo a EEUU en su primer viaje como Presidente, sino viniendo a la Argentina,

Era ese Lula que conocí, cuando reclamaba por el derecho a la sindicalización de los estatales que estaba prohibida en su Patria. Era aquel del que fui siendo compañero hasta sentirme amigo por sus enseñanzas, pero sobretodo por su grandeza y su humildad. Discutidor como pocos, sin conceder nada, pero sin restricciones a la hora de construir poder colectivo. Respetando las diferencias, que no son la excusa para dividirse.

Generoso para invitarme a compartir la campaña electoral aquel 1994, después de la Marcha Federal con que enfrentábamos acá al plan Cavallo y allá el plan Real. O cuando hace tan sólo diez años convocaban a enfrentar a Davos desde Porto Alegre. Y miles de resistentes nos dábamos cita para decir que la historia no terminó y que otro mundo es posible.

Una y otra vez nos acompañó en la CTA y brilló en aquellos encuentros del Nuevo Pensamiento, demostrando que no hay confrontación entre el pensar y el hacer.

Y la frutilla fue verlo por TV llegando a San Bernardo, su región, su barrio, el ABC donde inició su representación metalúrgica. Recibido por su amigo y discípulo Luís Mariño, ex presidente de la CUT con quien compartí desde la CTA una época de gran acercamiento y acciones comunes. Hoy, después de ser su primer Ministro de Trabajo, como Intendente de su ciudad le entregaba la Gran Llave como ciudadano ilustre.

Ratificó que volvía para caminar por los mismos lugares habiendo demostrado que se puede, que hay que enfrentar el miedo con la capacidad y sentimiento que como trabajadores tenemos. Entonces sentí lo lejos y cerca que se puede estar de soñar y construir una nueva experiencia política para la felicidad del pueblo y la grandeza de la Nación. Una tarea que depende sólo de nosotros mismos.

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