Aló Venezuela
Jueves 23 de agosto de 2012, por Adolfo Aguirre *
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La semana pasada Venezuela concretó jurídicamente su incorporación al Mercosur, lo que hace pasar a papeles la decisión política que había concretado el bloque regional a fines del mes pasado en la cumbre extraordinaria de Río de Janeiro

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* Secretario de Relaciones Internacionales de la CTA Autónoma.

Esta ampliación merece ser celebrada con entusiasmo; en los últimos 30 años hemos aprendido como sociedad que no hay verdades más compartidas que las que dicen que los problemas de la democracia se solucionan con más democracia y que los obstáculos de la integración se superan solamente con más integración.

Con su ingreso institucionalizado, comienza para Venezuela un proceso de adaptación a las normas mercosurianas. Según trascendió, el nuevo socio podrá dejar afuera del área de libre comercio regional unos 800 productos, lo que representa más de 10% del universo arancelario. De acuerdo a lo declarado por dirigentes venezolanos, esa concesión permitirá que Caracas proteja especialmente bienes alimenticios que produce internamente. Se estableció que Venezuela tendrá tiempo para adecuarse a la liberalización comercial al menos hasta 2014; y en esa franja protegida de 800 productos podrán estirar los plazos para el libre comercio hasta 2019, fecha prevista también para que el resto de los socios deje de utilizar sus listas de excepciones y el MERCOSUR se convierta finalmente en unión aduanera. Los miembros fundadores tuvieron 4 años para concluir el proceso, entre 1991 y fines de 1994.

También se estableció que Venezuela incorpore antes de fin de año el sistema de identificación y clasificación de mercaderías, conocido como Nomenclatura Común del MERCOSUR. Actualmente, tiene para su comercio la nomenclatura de la Comunidad Andina (CAN), bloque que abandonó en abril de 2011. Esto se trata de una condición previa y necesaria a las desgravaciones arancelarias entre los cinco países del bloque y la inclusión venezolana del arancel externo común.

Otro aspecto técnico importante son los acuerdos comerciales ya firmados por el bloque que exigirían una adhesión inmediata por parte de Caracas. De esta forma deberá sentar su posición con respecto a los acuerdos del MERCOSUR con Israel (país con el cual Venezuela ha roto relaciones) o la CAN (de la cual se fue en 2011), entre otros. Analistas han señalado que Venezuela deberá sortear toda una serie de cuestiones técnicas para lograr su adhesión plena al bloque. Entre ellas se destaca el cumplir con los requisitos para el Arancel Externo Común, tales como la normativa sobre incentivos, protección al medio ambiente, y defensa de la competencia, además del programa de internacionalización de normas, a lo que Caracas se había comprometido -y aun no cumplió- en 2006.

En lo relativo al crecimiento de la renta regional, entre las ventajas de contar con este nuevo miembro en el MERCOSUR, se encuentra la posibilidad de completar la matriz de seguridad energética, donde el petróleo pesado del Orinoco se agregaría al pre-sal brasileño y al shale argentino; e incorporar una economía con un superávit comercial de u$s 58.000 millones (2011), el más elevado del bloque, debido a que el 96,5% de sus ventas externas proviene del petróleo. Venezuela tiene el cuarto PBI de América del Sur (US$ 315.800 millones) y es el cuarto país más poblado de la región (28 millones de habitantes), con lo que el MERCOSUR representará un bloque de 270 millones de personas (70% de la población de América del Sur), con un PBI para todo el bloque de 3,3 billones de dólares. Actualmente, el flujo de comercio anual entre Venezuela y el MERCOSUR es de US$ 5.860 millones (con un superávit para el bloque de unos US$ 4.000 millones), mientras que el intercambio intra-MERCOSUR fue de US$ 47.227 millones en 2011. En el ámbito del comercio los países del MERCOSUR -particularmente Brasil y Argentina- festejan los beneficios que traerá la integración de Venezuela a través del desvío de comercio hacia el mercado común.

Pero la convergencia macroeconómica y el libre comercio no son los ejes que determinan la importancia del ingreso del nuevo socio. La importancia reside en las potencialidades de aumentar la escala de producción, de establecer un proceso de sustitución de importaciones (y de inversiones) a nivel regional, de avanzar en la complementación productiva y, a raíz de todo ello, ganar en autonomía de decisiones y capacidades de repensar los modos y las vías políticas y productivas de un desarrollo con miras al buen vivir regional: un desafío histórico que América del Sur tiene hoy en sus manos.

Este desafío es no solamente de quienes hoy representan los Estados. Aunque la conducción y la decisión política hayan sido claves en la evolución de los espacios institucionales tal como están actualmente, los grandes temas pendientes para superar la deuda social que aún arrastra la región pasan por verdaderas transformaciones estructurales que requieren necesariamente de la organización popular y sus ámbitos de encuentro, debate y decisión.

Soberanía alimentaria y reforma agraria, política energética y bienes comunes, democracia participativa y sustentabilidad de los modelos de producción y consumo son parte de la verdadera discusión de fondo que aún precisa la región. La entrada de Venezuela puede sacudir la modorra institucional y volver a la agenda política parte de estas deudas. El resto depende de nosotros, en que nuestros encuentros en ámbitos comunes como los Movimientos Sociales hacia el Alba, la Coordinadora de Centrales Sindicales del Como Sur (que ya empezó a tratar la incorporación de las organizaciones sindicales de Venezuela) y las herramientas que tenemos y las que imaginamos sean espacios reales de construcción de alternativas y de planificación para concretarlas. En todo caso y desde donde se lo mire, que la familia se agrande es una buena noticia.

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