La soberanía más allá de las Islas
Jueves 14 de junio de 2012, por Adolfo Aguirre *
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La presidenta Cristina Fernández asistirá personalmente el reclamo sobre las Islas Malvinas en la reunión del Comité de Descolonización, acompañada de una gran delegación que incluye miembros de la oposición política, lo que constituye una posición argentina de consenso e implica un signo de madurez y compromiso conjunto sobre este tema.

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* Secretario de Relaciones Internacionales de la CTA Autónoma.

De hecho, hay que reconocer que, desde un principio, los gobiernos democráticos de la Argentina han sostenido su reclamo de soberanía en ese ámbito, sin apartarse de él ni aun durante el tiempo de la diplomacia de la seducción de Carlos Menem y Guido Di Tella, constituyéndose en una verdadera política de Estado.

El hecho de que, paralelamente a la sesión del Comité, el Foreign Office conmemore en las islas el triunfo del Reino Unido en la guerra de hace 30 años, con la presencia del ministro Jeremy Browne, muestra el contraste de la posición de fuerza que sigue ostentando ese país.

Hace 50 años los movimientos de descolonización del África empujaron a la comunidad internacional a dar una respuesta institucional al dilema de soberanía de los territorios conquistados por las potencias europeas. Así, la ONU creó un comité que debía monitorear el cumplimiento de la Declaración sobre la Descolonización firmada dos años antes.

El Comité de Descolonización se convirtió en el terreno donde se promovió diplomáticamente la independencia de más de 80 ex colonias y once territorios en fideicomiso. Sólo 16 reclamos de autonomía quedan aún sin resolverse, once de los cuales son colonias del Reino Unido, lo que da muestra del anacronismo de la posición británica.

La posición que ha logrado la Argentina es representativa, democrática y consensuada y tiene, además, la ventaja de haber conseguido el respaldo de los países de la región latinoamericana, como lo demostraron las sucesivas Cumbres de Mercosur, Celac y Unasur.

Las declaraciones y acciones efectistas pueden sumar para visibilizar el problema y captar adhesiones, pero la verdadera construcción es la que lleva años de trayectoria, alimentándose de un debate social y popular que afortunadamente existe y predispone la contundencia de esas medidas, y que es bueno seguir sosteniendo.

Sin embargo, cabe mencionar que el concepto tan largamente esgrimido de soberanía no puede solamente referirse a la cuestión territorial de Malvinas.

La extranjerización cada vez más profunda de la economía argentina, especialmente en la gestión de recursos estratégicos, que utiliza menor intensidad de mano de obra que la industria local y remite sus ganancias a las casas matrices de los países centrales como el Reino Unido, atenta contra la capacidad de redistribuir la renta de nuestros propios recursos.

Así, la verdadera obtención de la soberanía nacional está también ligada a poder consolidar una economía local y regional, lo que no debería estar soslayado por una postura meramente declarativa del diferendo territorial.

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