Las noticias que incomodan
Martes 8 de marzo de 2011, por Hugo Blasco *
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Se anuncia en las tapas de los periódicos sin distinción de posicionamientos políticos que la producción automotriz aumentó respecto a febrero del año anterior; que la temporada veraniega ha sido un éxito y que continúa durante el fin de semana largo de Carnaval; que los recitales de música son presenciados por miles y miles de entusiastas; y así podríamos seguir. Conclusión: el país está muy bien, hay dinero, se pueden pagar bienes y servicios, el pueblo es feliz.

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* Secretario de Derechos Humanos de la CTA

Pero, ¿será realmente así? ¿O es que toda esta información “positiva” se refiere a un sector de la sociedad que no supera el 40% de la misma.? Es muy importante responder a esta duda porque una vez más se intenta construir una realidad total a partir de un sector y como sabemos es muy equivocado y conduce a errores groseros generalizar a partir de una parcialidad.

En estos días tomamos conocimiento de nuevas muertes de pequeños por desnutrición. Otra vez el flagelo del hambre sobre miembros de una comunidad de pueblos originarios en esta Argentina que nos es presentada como pujante, progresista con una población feliz y esperanzada.

Sin embargo lo cierto es que dos integrantes del pueblo wichi de Salta han sido víctimas de la voracidad empresaria con el consentimiento de los gobernantes provinciales. Estos habitantes originarios de nuestro suelo van siendo empujados por el “progreso” fuera de sus hábitats naturales y por lo tanto condenados a una desculturización forzada cuyo resultado es cada ves más frecuentemente la muerte. A los wichis hay que sumarles los qom, los diaguitas, los mapuches, los guaraníes, entre otros, quienes además reciben la represión oficial.

La respuesta de los gobiernos tanto nacional como provinciales suele ser la ayuda puntual ante la gravedad de la situación. Es decir, focalizadas.

Ante esta realidad dolorosa y de una gravedad inmensa que agravia a la condición humana decimos, desde la Central de Trabajadores de la Argentina, que no hay excusas para no tomar decididamente las políticas universales que consagren los derechos de todos y que conduzcan a la erradicación definitiva del hambre en la Argentina. No soportamos que se posterguen tales decisiones. Deben ser la prioridad el hombre, su dignidad y no la renta capitalista. Seguramente seguiremos escuchando “explicaciones” imposibles de aceptar porque para nosotros el hambre es un crimen y tiene responsables por acción u omisión.

En esta fecha donde estamos a días de conmemorar el 24 de marzo de 1976 es necesario tener presente por qué luchaban nuestras compañeras y compañeros desaparecidos, muertos, torturados.

Dieron lo más preciado que tenían, sus vidas, militando con fuerza, compromiso y mucha alegría por una Patria libre de pobreza y de hambre, soberana, democrática y solidaria; por una Patria definitivamente liberada.

Seguramente, al igual que la CTA, no hubieran tolerado la resignación y el “no se puede” ante este cuadro social que nos golpea e interpela como trabajadores.

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