La ciencia te alimentará (si puedes pagarlo)
Lunes 28 de febrero de 2011, por Carlos Saglul *
Enviar la referencia de este documento por email Versión para imprimir de este documento

El Grupo de los 20 en su última reunión presionó seriamente a los países productores de alimentos (Argentina, Brasil) para contener el incesante aumento de los precios. El presidente del Banco Mundial, Robert Zoellick, dijo que la situación es peligrosa y recordó que desde 2008, 44 millones de personas han sido arrastradas a la pobreza.

Compartir este articulo:

* Periodista. Equipo de Comunicación de la CTA Nacional

La institución señaló concretamente que el índice de precios de los alimentos se incrementó en 15 por ciento entre octubre de 2010 y enero de 2011. Estos incrementos de los alimentos no se pueden obviar como uno de los elementos que explican los levantamientos populares en Medio Oriente. El tema es: ¿quién fija los precios en realidad?.

En esos mismos días, la Organización de las Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación (FAO) daba cuenta de una noticia aparentemente contradictoria. Cuba, un país bloqueado, donde falta casi todo y hay pocos ingresos que no vengan del turismo y la medicina tiene cero desnutrición infantil. “Ninguno de los 146 millones de niños menores de cinco años bajos de peso que viven hoy en el mundo es cubano”, finaliza el despacho que da cuenta de la información.

La política de subsidios estadounidense ha permitido siempre exportar cereales por debajo de los valores de producción. Después de la Segunda Guerra Mundial –como recuerda la especialista Felecity Lorenz- prácticamente se hicieron cargo de la alimentación del mundo y el Plan Marshal fue una herramienta central en ese sentido. El país del norte no sólo se encargo de aumentar la oferta sino de organizar la demanda.

Lentamente las vacas dejaron de pastar libremente por los campos generando humus con sus excrementos cumpliendo el sabio ciclo de la naturaleza. Los cerdos y los pollos ya no comían los desperdicios de la granja. Se produjo lo que se llamó la revolución ganadera. Amontonadas en verdaderas fábricas de carne, vacas y porcinos se transformaron en grandes consumidores de cereales y probióticos que aceleran el engorde haciéndole retener al ganado gran cantidad de agua. Los animales hacinados, tratados con toda clase de medicamentos para evitar pérdidas a través de grandes mortandades, no tardaron en generar serios brotes de vaca loca, aftosa, fiebre aviar, peste porcina, y todo clase de enfermedades.

Entrar en algunos criaderos de pollos es una experiencia escalofriante. Las aves son ciegas porque no ven jamás la luz, algunos nacen sin patas, es tanta la cantidad de excrementos que generan que jamás se pueden eliminar totalmente y no pocas veces llegan con la carne de las hamburguesas a la mesa. La generación de biocombustibles terminó como era previsible presionando aún más sobre la producción. Y nuevamente comenzó a agitarse la amenaza maltusiana: “no hay alimentos para todos y menos ahora que indios y chinos se suman al consumo”.

El 60 por ciento del Comercio Mundial es manejado internamente por las multinacionales. La empresa vende el producto a una filial ubicada en un paraíso fiscal. Después circula en los papeles pagando regalías, marcas, redes de distribución, seguridad, servicios financieros, marketing. Las ganancias que reportan dichas filiales corresponden a sucursales domiciliadas en los paraísos fiscales, donde casi no pagan impuestos. Cuando llega al país de destino el producto tiene el precio asignado por el grupo o al que puede vender el producto. Por otra parte, el manejo monopólico del mercado hace que se fijen los precios promedio de común acuerdo.

Los transgénicos se transformaron en el corazón mismo de la pérdida de la seguridad alimentaria de las naciones del Tercer Mundo; destruyen el medio ambiente, alejan geográficamente alimentos y consumidores originando más gastos en transporte, implica la desaparición de los cultivos originales. Son productos diseñados para sacar el manejo de los alimentos a las poblaciones locales y ponerlos en manos de las multinacionales.”Quien maneje los alimentos manejará el mundo”, dijo, visionario, David Rockefeller.

Una vez liberados en el medio ambiente, los transgénicos no pueden ser controlados, se extienden no sólo por decisión del productor sino mediante la misma acción del viento que se encarga de trasladar la simiente. En 1998 el australiano Mervin Oliver logró producir una semilla que genera una planta con granos estériles. Es el complemento que faltaba. ¿Cómo sobrevivirían poblaciones enteras que viven de la conservación de la semilla?.

El 90 por ciento los transgénicos está en manos de Monsanto. La empresa maneja 200 patentes, desde el algodón de la India a la soja argentina. El 75 por ciento de los alimentos que consumen los norteamericanos tiene ese origen, aunque no lo saben. Mil millones de persona desnutridas y 1.500 con problemas de sobrepeso, en su mayoría “pobres gordos”, es decir mal alimentados, sin tener en cuenta que “no siempre lo que llena alimenta”, demuestran que “el mercado” ha logrado a manejar nuestra dieta y se propone decidir quién come y quién no. No en vano, muchos análisis perspectivos hablan de “zonas muertas”.

El hambre no tiene que ver con la imposibilidad de enfrentar el crecimiento poblacional. Si en Cuba, a pesar de las precariedades económicas que se viven en la isla, no hay mortandad infantil pese a la escasez es porque la comida allí dejó de ser una mercancía para transformarse en un derecho humano.

”La ciencia alimentará a la humanidad”, dicen los optimistas. Por supuesto, se refieren a la humanidad que pueda pagarlo. Los otros, fuera del mercado, padecerán el castigo de morirse de hambre en todas las latitudes del mundo en una suerte de ritual que los sacrifica diariamente en el altar del capitalismo.

sitio desarrollado en SPIP