Arquitecturas de la desigualdad
Viernes 18 de febrero de 2011, por Carlos Del Frade *
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Los grandes medios de comunicación, desde los diarios a los canales de televisión, naturalizan imágenes de vidas cotidianas en casas amplias, con cocinas luminosas e impecables, dormitorios sin límites y jardines habitados por perros casi tan felices como los actores de las publicidades.

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* Periodista.

El sistema ordena vivir en casas así y cualquier producto se le vende a la mayoría de los argentinos que, según entienden los publicistas y los dueños de casi todas las cosas, pasan sus días en viviendas similares.

La publicidad ordena comprar pero también ordena la manera de pensar.

Lo que se muestra es lo que debe ser imaginado como lo real. Lo real, en todo caso, se anula, se olvida, se invisibiliza.

Amplias viviendas donde la felicidad siempre está basada en comprar y comprar y dejar de lado cualquier tipo de preocupación.

Mostrar el privilegio para ocultar las urgencias populares.

Así funciona el sistema y eso muestra los medios.

Pero la realidad es diferente.

Aunque la televisión y los suplementos de arquitectura y diseño pueblen los gabinetes oficiales, tener una casa digna no es una cuestión habitual en el país de los argentinos. El sueño de la casa propia, del techo para criar una familia parece ser una postal de una historia lejana correspondiente a un país ajeno y distante.

Según la Encuesta de la Deuda Social Argentina (EDSA) del barómetro de la Universidad Católica Argentina, la falta de vivienda digna es la realidad del 44,2 por ciento de la población del país.

De acuerdo a una reciente publicación periodística, “por la falta de ingresos, algunos construyen las casas con sus manos, con materiales que encuentran a su alcance o de descarte. Estos relatos muestran ciertas paradojas de la pobreza, ya que algunos, al no tener los requerimientos legales para alquilar una vivienda en trazado urbano, pagan precios elevados en villas o asentamientos. De hecho, según EDSA, el promedio de alquiler de una vivienda en una villa subió de 2007 a 2009 un 97 por ciento; más que en cualquier otra condición residencial. O incluso, al no tener acceso a agua potable, pagan grandes cantidades para conseguirla en forma fraccionada”, apunta la información.

Y hay algo más: a pesar de reconocer ciertos avances en el período comprendido entre 2003 y 2009, el estudio sostiene que casi el 33 por ciento de los habitantes de los grandes centros urbanos padecen situaciones de hacinamiento. Y además la investigación señala que la falta de acceso a agua de buena calidad empeora la vida de los más pibes. “Quienes tienen mayor probabilidad de contraer enfermedades transmitidas por el agua sin el adecuado tratamiento son los lactantes, los niños de corta edad, las personas debilitadas o inmunodeprimidas, quienes viven en condiciones antihigiénicas y los ancianos. En la actualidad existen diferencias cualitativas significativas entre el agua potable extraída para el consumo directamente de las napas freáticas de aquella otra que, proviniendo del subsuelo o de fuentes pluviales, es tratada y a la que se accede mediante suministro de red. Mientras que la primera está fuertemente expuesta a agentes contaminantes (orgánicos e inorgánicos), la segunda cuenta, cuando los controles y regulaciones se hacen efectivos, con una calidad superior para el consumo humano. La ampliación del acceso a agua potable mediante red al conjunto de los hogares debe ser tomada por los estados nacional y provinciales como una política prioritaria por responder a necesidades básicas de la población y por tener un impacto epidemiológico inmediato”, apunta el documento.

Esta necesidad básica ausente después aparece en las explicaciones de las enfermedades que pululan por las distintas provincias argentinas.

Mientras los presupuestos nacionales, provinciales y hasta municipales destinan millones de pesos para viviendas sociales o populares, lo único que crecen son los condominios privados o los edificios exclusivos, minoritarios.

En la Argentina del tercer milenio, acceder a una vivienda acorde a las necesidades mínimas de comodidad parece formar parte de misiones imposibles.

Mientras tanto, los grandes medios y los distintos gobiernos, no paran de ufanarse del boom de la construcción y el consumo.

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