Haití, Minustha y el neocolonialismo
Lunes 16 de enero de 2012, por Ricardo Peidro *
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Este 12 de enero se cumplieron 2 años del devastador terremoto en la República de Haití que significaron 316.000 muertes, más de 1.5 millón de personas afectadas y sin techo que aún más de 500.000 de esas familias hoy continúan sobreviviendo a la intemperie social en campamentos que eternizan malas condiciones de vida estructurales en el país.

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* Secretario General de la CTA Autónoma

Además claro no podemos dejar de sumarle la epidemia de cólera que azota la Isla con más de 7000 muertes hasta el momento, entre otras problemáticas socio-sanitarias y ambientales que marcan una realidad de un pueblo hermano que padece semejantes injusticias evitables e injustificables.

Esta crisis humanitaria en Haití no puede leerse escindida de las crisis social, económica y política que sufre el pueblo haitiano traspasado por una historia de opresión e intervenciones "imperiales" quizás pagando los costos de la osadía de ser la primer república independentistas de América con una revolucion de esclavos afrodescendientes en 1804 preexistente a nuestras independencias en el continente. Que muchas veces hablemos de los libertadores de América nombrando a Bolivar, San Martín, Sucre, Martí, entre muchos otros revolucionarios pero dejando a veces fuera a los propios precursores haitianos independentistas como Jean-Jacques Dessalines y Toussaint Lovertoure, invisibiliza en nosotros mismos una historia y patria en común.

En este marco, el mundo del trabajo sigue siendo de los más precarios del continente: el salario mínimo en Haití continúa siendo el más bajo de América latina, menor a 4 dólares, el trabajo informal representa las formas de superviviencia mayoritaria de casi el 90 % de la población donde el 60 % es rural-campesina y tiene como base de su economía de subsistencia la agricultura a pequeña escala. Por otro lado, como suele suceder en los patrones de acumulación del gran capital algunas empresas multinacionales comienzan a utilizar a Haití como una usina de "maquila", en la realidad estas empresas que llevan su producción a Haití lo hacen por el "bajo costo" y la super-explotación laboral de trabajadores empobrecidos sumiendolos en esta nueva esclavitud del siglo XXI.

Desde la Central de Trabajadores de la Argentina, en nuestra política permanentemente activa de solidaridad internacional con la clase trabajadora de todo el mundo y en especial de nuestro continente latinoamericano, hemos en los últimos 2 años acompañado acciones de solidaridad, de denuncia dando visibilidad a los testimonios de los movimientos sociales y de trabajadores de Haití frente a estas situaciones que no dejan de tener como actores principales del sometimiento a los países centrales como EE.UU. (golpista secuencial en Haití) y parte de Europa.

Es en este contexto, posterior a un nuevo Golpe imperial de Estado del 2005, Estados Unidos y Europa vía las Naciones Unidas deciden instalar una Misión de Estabilización de la ONU en Haití (MINUSTAH) que no fue más que una "intervención militar y geopolítica" que militarizó el país caribeño sumiendolo en una nueva lógica de dominio y dependencia. Increíblemente las Naciones de Sudamérica son el apoyo operativo de esta intervención militar en una especie de tercerización del imperialismo: nuestros países del continente con Argentina y Brasil a la cabeza (además de Uruguay, Chile, Colombia, Perú, Paraguay) son quienes más aportan militares Cascos Azules que poco hacen de ayuda humanitaria y mucho de control social y represivo frente a la conflictividad social de un país de los más empobrecidos del continente.

Esto de la MINUSTHA y la participación de las fuerzas militares de la República Argentina por decisión del Gobierno nacional resulta un dato sumamente paradójico y macabro: las mismas fuerzas militares argentinas que tienen prohibido por Ley hacer seguridad interior y de policía en nuestro país debido, primero, a que no están preparados para eso pero centralmente a sus antecedentes de represión dictatorial y genocidio, en Haití los militares argentinos hacen de policía interior. Como se vio en algunos videos con militares de Uruguay violando a un chico haitiano, las violaciones a los derechos humanos están al día y son corrientes (violencia contra las mujeres, violaciones, entre otras).

A esto debe sumarse el "imperialismo humanitario" de la invasión de muchas mega ONGs y organizaciones internacionales gubernamentales (Banco Mundial, BID, etc) satélites de los intereses de los países centrales que profundizan de alguna manera la dependencia a la "ayuda internacional" bloqueando cualquier proceso de autodeterminación y participación del pueblo haitiano en su reconstrucción y destino de gobernarse para construir un país con equidad y justicia social.

Obviamente también hay experiencias de cooperación internacional Sur-Sur y acción humanitaria que parecieran ser la clave de desde dónde debería pensarse el rol de América Latina tanto de UNASUR como CELAC para potenciar las capacidades de gobierno popular de la sociedad haitiana con experiencias exitosas como: el apoyo del Movimiento Sin Tierra de Brasil (MST) en soberanía y seguridad alimentaria del movimiento campesino haitiano con apoyo del ALBA, la asistencia sanitaria de las brigadas médicas de Cuba, el rol de la secretaría de UNASUR en Haití o las acciones de salud de Médicos del Mundo, entre otras medidas que demuestran que lo que necesita Haití no son militares ni represión sino acción humanitaria y cooperación internacional que fortalezca la autodeterminación del pueblo haitiano.

Este neocolonialismo del siglo XXI impulsado por Estados Unidos en Haití tiene como socios principales a la Argentina y varios países de sudamerica. Esta vergüenza que de corte humanitario no tiene nada, debe acabarse de forma inmediata y debe ser claramente apoyado el retiro inmediato de las fuerzas armadas argentinas por todo el campo popular y fuerzas políticas progresistas de nuestro país. Quien busque justificar semejante aberración de militarización "humanitaria" en territorio haitiano con que es un país "con violencia", debería empezar a pensar intervenciones militares en México luego de 50.000 muertes violentas en el último año, o la violencia que viven muchas de nuestras ciudades de sudamerica sumidas en el narco-violencia. Es decir, de ninguna manera se justifica la MINUSTHA y el rol de Argentina que debe priorizar una agenda para el desarrollo de Haití.

En medio de nuestras luchas por una segunda independencia de América Latina del neocolonialismo dependiente-depredador que aún los centros de poder internacionales impulsan en nuestro continente, debemos luchar por un Haití realmente libre, justo y soberano.

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