Una posición histórica
Viernes 22 de mayo de 2020, por Juan Carlos Giuliani *
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Más allá de cualquier otra consideración, existe una verdad incontrastable. Desde siempre, los trabajadores han señalado con absoluta claridad que antes que honrar los compromisos con los acreedores externos o los tenedores de bonos locales, lo primero que hay que saldar es la fenomenal Deuda Interna que se mantiene con nuestro pueblo.

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* Periodista. Vocal de la Comisión Ejecutiva Regional de la CTA Autónoma Río Cuarto. Secretario de Relaciones Institucionales de la CTA hasta septiembre del 2018.

Esto es así desde el fondo de nuestra historia. Desde que en 1824 Bernardino Rivadavia –emblema del cipayismo autóctono–, contrajera el empréstito con la Baring Brothers, la Deuda Externa es un cáncer que carcome las posibilidades de un desarrollo autónomo y sostenible en nuestro país y lesiona su soberanía nacional.

Esta posición se encuentra fundamentada en los documentos que se alumbraron luego de memorables debates que jalonan los grandes hitos del movimiento obrero argentino.

El Programa de La Falda de 1957 convocado por la CGT Regional Córdoba liderada por Atilio López, por ejemplo, plantea la “Denuncia de todos los pactos lesivos de nuestra Independencia Económica”· Y el Programa de Huerta Grande de 1962 propone en su punto 5º “Desconocer los compromisos financieros del país, firmados a espaldas del pueblo”, en tanto que el Manifiesto del 1º de Mayo de 1968 de la CGT de los Argentinos sostiene: “Los compromisos financieros firmados a espaldas del pueblo no pueden ser reconocidos”. El primero de los 26 Puntos de la CGT Brasil elaborado en 1985 prioriza el no pago de los servicios de la Deuda Externa y en la Declaración del “Grito de Burzaco”, en 1991, acto bautismal del nuevo modelo sindical que luego derivaría en la CTA, se decía: “Vivimos las consecuencias de un plan económico que sólo prioriza el pago del endeudamiento externo”.

De más está decir, que los distintos congresos nacionales extraordinarios celebrados por la Central de Trabajadores de la Argentina, han sostenido con coherencia esa línea histórica aprobando por unanimidad el no pago de la Deuda Externa.

Como puede observarse, el debate no es nuevo y la posición sustentada por los trabajadores organizados tampoco es desconocida. Por lo tanto, la discusión pasa por saber si se va a modificar la matriz distributiva que provoca esta escandalosa desigualdad social o, por el contrario, se va a continuar en calidad de rehenes del capitalismo financiero.

Buena parte de la Deuda Pública que se viene abonando desde 1983 a como fuere lugar no está solamente en manos del FMI y acreedores externos sino también en poder de la banca con sede en nuestro país, que lo que no invierte en crédito para la mayoría de la población lo hace en pregonar la conveniencia de que se siga pagando la Deuda en tiempo y en forma.

Mientras tanto, y guarecidos en la Ley de Entidades Financieras de Martínez de Hoz, que continúa vigente después de más de treinta y seis años de recuperación democrática, los bancos, que en 2001 y 2002 tuvieron que blindarse para ponerse a salvo de la justificada ira de los ahorristas, siguen siendo los grandes ganadores del Modelo Extractivista, Exportador y Dependiente declarando utilidades que los convierten en uno de los sectores más rentables del capitalismo criollo.

La Autoconvocatoria por la Suspensión de Pago e Investigación de la Deuda -que entre otros, integran Adolfo Pérez Esquivel; Nora Cortiñas; Víctor De Gennaro; Claudio Lozano; la CTA Autónoma y sus máximos dirigentes nacionales: Ricardo Peidro; Hugo Godoy y Claudia Baigorria- lo dice con nitidez: “No aceptamos que sólo exista la opción de pagar. Nuestra prioridad es la vida del pueblo y de la naturaleza. Lo que nos reclaman nunca fue para beneficio nuestro, sino que responde a una exacerbada explotación, especulación y saqueo que atenta contra nuestros derechos y soberanía. El pueblo argentino sabe, como lo saben tantos pueblos hermanos que enfrentan al mismo sistema de deuda perpetua, que es a ellos a quienes se les hace pagar ese costo con hambre, miseria, contaminación y represión y que, no obstante, cada vez se debe más”.

Abogamos por la suspensión de los pagos de la Deuda Pública y la investigación del proceso de endeudamiento. No solo de los últimos cuatro años, sino desde el inicio de la tiranía oligárquico-militar. Aunque no alcanza con suspender los pagos. Se trata de pensar soberanamente la cuestión de la Deuda y no someterse al discurso hegemónico de honrar a los acreedores de una Deuda que no sirvió al pueblo, por lo que se trata de una Deuda Odiosa.

Consecuentes con sus banderas históricas, los trabajadores reafirman que no hay espacio para la resignación -mucho menos en tiempos de Pandemia- y que la única Deuda es con el pueblo. Existen sobradas demostraciones de la lucha popular a lo largo de la historia contra esta fenomenal hipoteca que establece los pilares de nuestra dependencia como Nación.

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