Ollas populares para saciar el hambre y organizar el pueblo
Jueves 23 de abril de 2020, por Juan Carlos Giuliani *
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La pandemia pone en carne viva el problema del hambre en nuestro país. Con Alberto Morlachetti y el Movimiento Nacional Los Chicos del Pueblo se propagó a los cuatro vientos una denuncia que se convirtió en grito justiciero: El Hambre es un Crimen. La miseria está planificada. La pobreza no es un castigo divino. Es una decisión consciente de los que mandan.

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* Periodista. Vocal de la Comisión Ejecutiva Regional de la CTA Autónoma Río Cuarto. Secretario de Relaciones Institucionales de la CTA hasta septiembre del 2018.

El hambre no espera. No sabe de burócratas ni traidores. Los pibes y los viejos conforman la población de riesgo desde mucho antes que llegara el virus que está infectando el planeta. Nadie se salva solo. La salida es colectiva. Al hambre se lo combate con solidaridad. Entre todos los que creemos en una sociedad sin explotadores ni explotados.

La olla popular es sinónimo de solidaridad. De camaradería entre iguales. Y de organización. Los locales sindicales, sociales, culturales, barriales, podrían abrir sus puertas y montarlas a lo largo y ancho del país para saciar el hambre que crece entre los que no tienen trabajo, los jubilados, los que no tienen ningún sustento y darle una perspectiva transformadora a la lucha política y social.

Para visibilizar lo que el COVID-19 ha puesto al desnudo sobre el tapete a nivel mundial. La infamia del hambre naturalizado en un país como el nuestro, plagado de bienes comunes, fabricante de alimentos, que alguna vez supo ser el más igualitario de Latinoamérica y que hoy padece una desigualdad social escandalosa.

La olla popular en esta etapa signada por la peste es un símbolo de unidad. Para decir que el pueblo no es material descartable. Acá no sobra nadie. Acá no se rinde nadie. Para terminar con el hambre hay que dejar de pagar la Deuda Externa, gravar con impuestos a las grandes fortunas y meterle mano a las rentas extraordinarias.

Hacernos cargo del hambre de nuestro pueblo. Poner el cuerpo. Universalizar los planes sociales focalizados para combatir en serio la pobreza. Defender un Estado Soberano, que promueva la Salud y la Educación Pública, garantice comida para todos y establezca una Renta Básica Universal para que no haya ningún hogar pobre en la Argentina.

Está en disputa como siguen el mundo, la gente y las cosas tras la pandemia. Por lo pronto, los trabajadores somos conscientes que no manejamos la botonera mundial. Esa es una facultad que se arrogan las grandes potencias. Pero no significa que nos quedemos de brazos cruzados mientras el establishment aprieta para que no cambie nada en la Argentina del Coronoavirus y mucho menos después.

Con la complicidad de la burocracia están arrasando los convenios colectivos de trabajo, recortando salarios, suspendiendo y despidiendo personal. Así como hay un estado latente de conflicto en los barrios dejados a la mano de Dios, sin recursos suficientes para hacer frente al desastre social y con las fuerzas de seguridad respirándoles en la nuca, a nivel sindical también crece el descontento y hay aprestos de resistencia.

Esta fuerza -todavía imperceptible- que está dando sus primeros pasos de manera desarticulada e inconexa, tiene como pistones al Movimiento de Mujeres y a la Juventud. La única garantía que blinda su posibilidad de intervención en el debate de lo que pasa y pasará tras el Coronavirus es canalizando la participación popular que, aunque dificultada por la cuarentena, con imaginación y voluntad puede irrumpir con su discurso y acción tanto a nivel municipal como provincial y nacional.

En todo caso, es momento de plantearse los cambios desde lo micro, multiplicar pequeñas acciones en el territorio para llegar a instancias superiores de elaboración y construcción de una alternativa más abarcativa, respetando la diversidad de los diferentes actores políticos y sociales.

Es la posibilidad que se abre para promover la unidad necesaria con todas las organizaciones del campo popular. Y de prepararnos para que lo más dramático de la crisis que se avecina en los próximos meses, sea una oportunidad de avance y mejoría de su situación para nuestros pueblos.

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