11 de septiembre
“El fin de la educación no es hacer al hombre desdichado (...) sino hacerlo feliz”
Miércoles 11 de septiembre de 2019, por Ana Romero *
Enviar la referencia de este documento por email Versión para imprimir de este documento

Según el calendario escolar oficial, hoy, 11 de septiembre, se conmemora el Día del Maestro. Y en este tiempo donde nuestros territorios crujen de dolor, ante las efectos de gobiernos neoliberales, el ideario de muchos hombres y mujeres, que a lo largo de la historia latinoamericana propusieron una pedagogía emancipadora, golpea las puertas de nuestras aulas, de nuestros espacios educativos, de nuestras prácticas cotidianas, y a lxs educadorxs que enseñamos y aprendemos en las aulas y fuera de ellas.

Compartir este articulo:

* Militante de CTA Capital y educadora popular del Frente Salvador Herrera. Integra la Comisión Ejecutiva Nacional.

No por casualidad, el educador y pedagogo brasileño, Paulo Freire, sintetizó, en un período histórico también difícil, una propuesta pedagógica que todavía hoy es faro para muchxs de nosotrxs, a mediados del siglo XX, en el nordeste de Brasil, donde existía un elevado índice de analfabetismo y miseria. Fue Paulo Freire, quien formó una propuesta pedagógica y a la vez política, en la cual, la recuperación de la palabra no tiene que ver solo con aprender a repetir silabas, sino también con recuperar la posibilidad de sentirse sujeto/a de transformación.

Según su propuesta, la alfabetización urgente de nuestros pueblos, no implicaba solamente la lectura sucesiva de palabras, sino una “comprensión critica de la realidad social, política y económica en la que está el alfabetizado”. Es decir, no se trata solo de una mera cuestión lingüística sino también política y creadora. Conocer, para trasformar.

Existen muchos lugares comunes y representaciones sociales en cuanto al acto educativo, al rol del maestro, de la maestra, que pueden ser objeto de discusión. Lo que no es objeto de discusión para quienes transitamos y sostenemos las aulas en el marco de la educación pública y popular, es que el acto educativo es una práctica alterativa y transformadora para todxs lxs sujetos/as involucradxs en el mismo.

¿Sabe usted cuánto vale una auténtica sonrisa?

Las aulas son un reflejo de lo que sucede fuera de ellas, y quienes las habitamos somos parte del entramado cotidiano que vivimos como sociedad.

Rodolfo Kusch decía que habitar un lugar, significa que no se puede ser indiferentes ante lo que ahí ocurre. Y sin lugar a dudas, mucho de eso sucede en el cotidiano de la educación.

En un país en el cual la pobreza alcanza a 13.6 millones de personas, donde uno de cada dos niñxs es pobre y pasa hambre; mientras exporta alimentos para 400 millones de personas; la indiferencia no es una opción. No se puede ser indiferentes ante lo que aquí ocurre.

Entonces el significado de la pregunta ¿Sabe usted cuánto vale una auténtica sonrisa?, para nosotrxs, educadores y educadoras de este tiempo, tiene otros sentidos y otras potencias.

Lo supimos siempre, pero en tiempos de crisis sociales, todas nuestras estrategias educativas se enraízan en la ternura como herramienta estratégica de emancipación. Porque si es cierto que nos quieren desahuciados e inmersos en la angustia de la ausencia de futuro, como dice Ulloa: "Hablar de ternura en estos tiempos de ferocidades no es ninguna ingenuidad. Es un concepto profundamente político. Es poner el acento en la necesidad de resistir a la barbarización de los lazos sociales que atraviesan nuestros mundos".

Y ese acto de educación y emancipación se celebra cada día en las aulas, cada vez que un pibe o una piba, o una compañera o un compañero, vienen y nos dice “profe” o “seño”, y nos trae un sueño entre manos. Ese día transformamos un poco el mundo y nos transformamos a nosotrxs mismxs, porque de eso se trata, claro está, también el acto educativo, como un ejercicio pedagógico y político organizador de la esperanza.

Transformación, emancipación y aprendizaje mutuo, en absoluta reciprocidad. Porque también nos organizamos para ser felices, como acto de rebeldía a un sistema que nos pretenden doblegados en la desolación.

Ese es el sentido más revolucionario de la educación. Transformar a las personas que serán capaces de soñar otros mundos posibles, de crear el mundo de vuelta que produzca otras estrategias para vivir, de reconocernos como sujetos y no objetos de la historia.

No hay valor posible para el abrazo como acto reciproco de la ternura, así como el valor de una mujer que se libera de la violencia por entenderse sujeto de su propia historia y no objeto de dominación. No hay formas de medir lo que la práctica educativa emancipadora junto con la ternura pueden transformar.

Quienes fuimos alcanzadxs por ambas, sabemos, que esxs maestros y maestras de la vida, han trazado y son parte nuestra construcción y de nuestra historia.

Somos quienes somos por los maestrxs que nos formaron, nos abrazaron y nos permitieron soñar.

Por eso, para todxs aquellxs compañerxs que adentro y fuera del aula nos enseñan a soñar otros mundos posibles.

Para quienes se desviven en estrategias para sostener la trayectoria de miles de niñxs, pibes y pibas y adultxs, dentro y fuera del aula.

Para quienes sostienen una educación emancipadora y útil para los pueblos.

Para quienes nos enseñan dentro y fuera del aula a luchar incansablemente.

Para quienes se pasan cada día de su vida buscando recuperar la alegría, fuente inevitable de cualquier transformación, porque nada grande se puede hacer con la tristeza.

Para quienes tienen un compromiso de amor con la hermosura de los pueblos.

Para lxs maestrxs de la vida,

Salúd!

sitio desarrollado en SPIP