La vida continúa, inexorable
Miércoles 27 de marzo de 2019, por Sergio Val *
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La naturaleza nos dio, durante miles de años en este continente, los medios para proteger con honradez todo lo que crece. Pero llegó la civilización occidental, y hasta los niños ya nacidos y sus madres fueron violadxs, asesinadxs o esclavizadxs.

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* Referente de Che Pibe

Por Sergio Val, inspirado en el camino hecho junto a Alberto Morlachetti y Carlitos Cajade.

La naturaleza nos dio, durante miles de años en este continente, los medios para proteger con honradez todo lo que crece. Pero llegó la civilización occidental, y hasta los niños ya nacidos y sus madres fueron violadxs, asesinadxs o esclavizadxs.

Y nos hicieron creer que nosotrxs éramos la barbarie. La vida es mucho más que respirar. La vida es lo más bello que nos puede suceder al mundo, pero debe ser digna de ser vivida. Cada día en la Argentina, un país hecho de pan, esta sociedad hipócrita se llama a silencio ante el asesinato de veinte niñxs menores de un año de edad, es decir antes del nacimiento de las palabras. Si cada 24 horas en Argentina mueren 20 niñxs por causas evitables, en el preciso momento en que están ensayando sus sentidos. Su verdugo es el hambre disfrazado de injusticia, que aborta futuro. La memoria de este pueblo batallador nos recuerda desde la esencia de lo que somos, que el poder fáctico mundial secuestró, torturó, asesinó y desapareció a muchxs de nuestrxs mejores compañerxs para imponer la aberración del hambre global. A pesar del Genocidio hemos sido capaces de parir nuevas luchas. Una misma utopía. Construidas de abrazo en abrazo, mirada a mirada. Desde el piquete a la olla popular. Desde el teatro comunitario hasta el bachillerato popular o la fábrica recuperada.

La resistencia se opone a la muerte idiota. Pero las voces de la moral siguen sin batir sus cacerolas de teflón. Miles de niñxs, gambetean la pobreza y la hambruna, logran escapar de las garras de la parca, sobreviviendo en condiciones de desnutrición tan aguda que llevan a cuestas sus cuerpitos débiles y el destino impuesto por la mediocridad colectiva que es el paco, la explotación, la trata o el gatillo fácil, nuevas violaciones, viejas condenas. La niñez es objeto de estudios que muestran estadísticas criminológicas y las páginas de la prensa amarilla, para que los escribas de las morales globalizadas se horroricen y argumenten falacias en las redes sociales sobre la ética, lo políticamente correcto o la baja en la edad de punibilidad.

Mientras tanto, una sociedad encandilada con las luces del consumo del capitalismo serio, seguirá aceptando la imposición de gobiernos verdugos, que mandarán a nuestra niñez a escuelas vaciadas de valores, universidades fariseas, consumiendo circos mediáticos y mentirosos. Morales inmorales de toda moralidad. Violencias sin límites nos llevarán hasta la guerra para poder cambiar el celular o el automóvil sin medir cómo se mata a la Pachamama. A la vida hay que defenderla siempre. Siempre que sea digna de ser vivida.

Por eso es tiempo de construir esa nueva y arrasadora utopía de la vida, la de Gabriel García Márquez, donde nadie pueda decidir por nosotros hasta la forma de vivir o morir, donde las estirpes condenadas a cien años de soledad tengan otra vez y para siempre una segunda oportunidad sobre la tierra. Es el tiempo de realizar el trabajo que necesitamos, con salarios dignos, donde ser niñxs vuelva a ser un privilegio y ser ancianxs una bendición. Al decir de Alberto Morlachetti, "No estamos lejos ni cerca de ese tiempo, estamos en el tiempo exacto para diseñar el cielo y la tierra que queremos".

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