Militancia y Movimiento
Viernes 11 de febrero de 2011, por Juan Carlos Giuliani *
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La calle fue la base del poder de la CTA y lo continuará siendo. Para la Central, y así lo aprobó en dos congresos nacionales de delegados, se requiere de un nuevo Movimiento Político, Social y Cultural de Liberación para reparar la crisis de representatividad política, social, sindical, empresarial y cultural que agobia al sistema.

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* Periodista. Vocal de la Comisión Ejecutiva Regional de la CTA Autónoma Río Cuarto. Secretario de Relaciones Institucionales de la CTA hasta septiembre del 2018.

Para terminar con los vergonzantes estándares de desigualdad en la población, es fundamental la construcción de la fuerza organizada de los trabajadores. Y ello no se consigue sin militancia convencida de que se puede dar vuelta la taba. Militancia: compromiso de vida con un proyecto colectivo.

El 17 de noviembre de 1972 se produjo uno de los hechos más trascendentes en la historia argentina del Siglo XX: el regreso de Juan Domingo Perón tras 17 años de exilio y proscripción. El acontecimiento, que se caracterizó por una masiva participación de la juventud, es recordado como el "Día del Militante". Esa juventud protagonizó la campaña del "Luche y Vuelve" que será decisiva para concretar el regreso de Perón. Esa generación de militantes, que se convertiría en el blanco preferido del terrorismo de Estado, había participado en el “Cordobazo” y otras puebladas que incendiaron la Patria.

Después vino la noche, la represión y la muerte. La lucha por sobrevivir al horror. La militancia popular -sus mejores cuadros- fue diezmada por la tiranía oligárquico-militar. Requisito indispensable para aniquilar la justicia social e imponer el neoliberalismo en la Argentina.

El retorno del sistema institucional enhebró una cadena de frustraciones que tornaron en ilusoria la vigencia de una democracia social y participativa si no se modifica la matriz de acumulación política en la Argentina.

La militancia de la tiza y el carbón, abnegada, capaz de dar la vida por una causa justa, fue reemplazada por los manipuladores de encuestas, los asesores de imagen y los operadores políticos, gerentes inescrupulosos dispuestos a realizar la tarea que sea menester para seguir trepando en la escalera de la fama. El puntero y su inmensa red de clientelismo político suplantó la pasión de militar por un proyecto nuevo de sociedad. La degradación del sistema aún perdura. La impúdica capacidad de la mayoría de la dirigencia política y social para reciclarse detrás del poder de turno resulta altamente demostrativa de que el perro sigue siendo el mismo. Sólo ha cambiado de collar.

Ya se sabe, no hay proyecto de transformación social sin la clase trabajadora organizada y sin el concurso de los otros sectores que abonan el campo popular. Hemos aprendido lo suficiente como para tener claro que ningún cambio profundo puede encararse sin esa poderosa herramienta que se llama organización. Por eso es necesario que empecemos a cerrar el capítulo en el que cada uno tiraba para su lado. Hay que empezar a tirar juntos en una misma dirección.

No alcanza con que cada uno busque “un lugar bajo el sol”. No alcanza si los esfuerzos de los militantes se agotan en conseguir una banca más en el Congreso. Los cargos, concebidos como espacios de poder institucional, sólo servirán si logramos que respondan a una política, a un proyecto. Los triunfos aislados y los logros individuales sirven de poco.

La cuestión se presenta al revés: si nos esforzamos por unirnos y organizarnos en torno a un proyecto común, no sólo obtendremos espacios de poder institucional en un futuro, sino que estaremos en condiciones de utilizarlos para empujar la transformación revolucionaria con la que siempre estuvo comprometida la clase trabajadora.

Una organización de masas, militante, amplia, fuerte y protagónica será también imprescindible para encauzar la acción política de muchos jóvenes, hijos de la experiencia de 2001, que pueden visualizar a la CTA y al Movimiento Político, Social y Cultural como el camino para ser libres. Más allá, incluso, de las querellas y controversias públicas surgidas en la Central a raíz del último acto electoral. Con todo el desgaste que ello implica, no termina de hacer mella a una realidad inconstratable: la CTA sigue siendo la mayor organización popular fundada en las últimas dos décadas en la Argentina y la que mayor proyección tiene en el futuro para crecer como una central de masas de la clase trabajadora.

En estos tiempos políticos es necesario volver a cumplir un papel transformador. Porque otro no nos interesa y dejaríamos de ser nosotros. Sabemos que no es una sola cuestión la que debemos revisar, reelaborar, discutir y reconstruir. Pero tenemos que señalar una en especial: la imperiosa formación de cuadros, activistas y dirigentes. En otras palabras: la construcción de una militancia organizada. A ello, hay que sumar la articulación de todas las experiencias actualmente en marcha que nos permitan fortalecer una amplia red con nuestros propios medios de comunicación.

La disputa cuerpo a cuerpo con la ideología dominante se dará en el territorio. De allí la importancia de robustecer la presencia de las organizaciones territoriales en el seno de la CTA, para compartir con las organizaciones sindicales, de derechos humanos, juveniles, etcétera, el desafío de sostener una alternativa de poder real y viable a los grupos hegemónicos.

El saqueo y la depredación de que fueran víctimas la Nación y el pueblo argentinos ha generado un sistema de privilegios para el bloque de poder vergonzante, que constituye un auténtico cáncer para nuestra Patria y para el conjunto de la sociedad. Esta estructura de prebendas y privilegios ha devenido en un capitalismo depredador, cuyo protagonista central es una elite oligárquica configurada en un complejo entramado de intereses económicos nacionales y extranjeros. Todo proyecto que se precie de responder a los intereses nacionales y populares debe obligatoriamente dar cuenta de esta realidad incuestionable y señalar a esta elite como el enemigo principal de la clase trabajadora, el pueblo y la Nación.

El nuevo Movimiento Político, Social y Cultural de Liberación, encarnado en el proceso de la Constituyente Social -seguramente la iniciativa política más alta de la CTA en esta etapa de ofensiva popular-, debe recuperar la savia de la militancia, la mística de ser parte de un proyecto colectivo, la cultura de la solidaridad y la identidad histórica que nos emparenta con las mejores tradiciones de lucha de nuestro pueblo.

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