La justicia del imperio
Lunes 13 de agosto de 2018, por Carlos del Frade *
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“Un jurado de San Francisco (EE.UU.) ordenó a Monsanto pagar a un encargado de una escuela casi 290 millones de dólares en daños por un supuesto cáncer generado por el herbicida glifosato, según consignó AFP

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* Periodista. Agencia de Noticias Pelota de Trapo (APE)

A los 46 años, Dewayne Johnson sufre de un linfoma incurable no hodgkiniano que él atribuye al hecho de haber sido rociado, durante su trabajo en una escuela entre 2012 y 2014, con los productos RoundUp y RangerPro”, según dicen los medios del sistema como masticando bronca.

La propia justicia del imperio dice que los venenos matan.

Que Monsanto debe pagar por las muertes inducidas.

Que las víctimas inmoladas en el altar del dios dinero no debieron morir.

Que el dinero, en definitiva, no vale más que la vida.

Por eso dice el texto de la noticia “un supuesto cáncer”. Esa calificación, lejos de la precisión, intenta poner en duda la información y, especialmente, la consecuencia de los agrotóxicos.

No hace mucho tiempo, el gobierno nacional, dispuesto a invertir en la construcción de cárceles, endeudarse en millones de dólares y garantizar esos pagos con los bienes comunes, poner al Ejército en la seguridad interior; ese mismo gobierno nacional sostuvo en un documento firmado por cuatro ministros (Ciencia y Tecnología, Salud, Agricultura y Medio Ambiente) que no hace falta regular ni limitar las fumigaciones con elementos químicos.

Que todo se reduce a las “buenas prácticas”.

¿Qué harán ahora los que creen más en el dinero que acelera la aplicación de los biocidas que en las enfermedades que produce en la salud humana y la tierra de la vieja pampa argentina?.

¿Los gobiernos y funcionarios progresistas de las provincias y ciudades seguirán buscando intersecciones, puntos de encuentro, licuar la realidad, bajarle el precio al costo que tiene este modelo extractivista feroz y asesino?.

Volvamos a la noticia: “Para el jurado, la empresa actuó con "malicia" y que su herbicida contribuyó "sustancialmente" a la enfermedad. Cuestionó que no le advirtieran sobre los presuntos riesgos. Tras deliberar sobre el caso, el jurado ordenó a la compañía a pagar US$250 millones en daños punitivos con daños compensatorios y otros costos llevando el total a casi 290 millones de dólares, según señaló la agencia, que también informó que la empresa va a apelar el fallo”.

El caso se basó en un documento del Centro Internacional de Investigación del Cáncer (IARC), un organismo de la OMS, que en 2015 catalogó al glifosato como "probablemente cancerígeno".

Los medios de comunicación grandes –no sus trabajadores de prensa-, las patronales de estas empresas oligopólicas que sostienen la explotación de las minorías sobre las mayorías y el saqueo de los bienes comunes y la agresión a la salud, le dieron espacio a los representantes de Monsanto en Argentina: "Nos solidarizamos con el Sr. Johnson y su familia. La decisión de hoy no cambia el hecho de que más de 800 estudios y revisiones científicas, y conclusiones de la Agencia de Protección Ambiental de los Estados Unidos, los Institutos Nacionales de Salud de los Estados Unidos y las autoridades reguladoras de todo el mundo, respaldan el hecho de que el glifosato no causa cáncer, y no causó el cáncer del Sr. Johnson. Apelaremos esta decisión y continuaremos defendiendo vigorosamente este producto, que tiene una historia de 40 años de uso seguro y continúa siendo una herramienta vital, efectiva y segura para los agricultores y las demás personas". Muerden bronca porque hoy les toca pagar en la justicia de la potencia dominante que, entre otras cosas, promueve la democratización del veneno en su territorio y, especialmente, en el tercer mundo, aquí donde se terminan todos los mapas.

Lo cierto es que en la Argentina hay 819 productos más nocivos que el glifosato y 678 más que tienen la misma toxicidad.

Basta de fumigar, gritan desde el interior profundo de diferentes geografías argentinas.

Es hora, de una buena vez, de regular y prohibir los venenos.

Que los hipócritas se saquen las caretas.

En esas contradicciones internas de los negocios del imperio suelen encontrarse hechos y señales que sirven para vivir un poco mejor en estos atribulados arrabales del mundo.

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