Un proyecto de Patria
Sábado 7 de julio de 2018, por Juan Carlos Giuliani *
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El 9 de julio de 1816 los congresales reunidos en Tucumán aprobaban la Declaración de la Independencia de nuestro país de España y, diez días más tarde, el 19 de julio, el diputado por Buenos Aires Pedro Medrano hizo aprobar un agregado a la fórmula de juramento que decía: “y de toda otra dominación extranjera”.

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* Secretario de Relaciones Institucionales de la CTA

Para el General San Martín se trataba de un requisito indispensable para su plan de iniciar una ofensiva en gran escala para liberar otras regiones de Sudamérica.

San Martín, Gobernador de Cuyo, desde su campamento de Mendoza donde se encontraba alistando el Ejército Libertador, cumplió un rol esencial a través de cartas que envió a Tomás Godoy Cruz, diputado por la provincia de Mendoza, para que, ni bien instalado el Congreso, procediera sin más trámite a declarar la Independencia de España y de toda potencia extranjera.

El Bicentenario de la Declaración de la Independencia Nacional fue encabezado por el presidente Mauricio Macri, exponente genuino de las clases dominantes sometidas al poder de las corporaciones transnacionales, titular indiscutible de este gobierno de los patrones. Bajo disfraces de ocasión, la concepción servil y dependiente hacia el Imperio que guía el accionar de la oligarquía cipaya sigue vivita y coleando a esta altura del siglo XXI. Para muestra basta un botón: Macri invitó al Rey de España para los festejos del 9 de Julio. La humillación al Pueblo, la Nación y la Historia es perpetrada sin anestesia por los dueños de casi todas las cosas.

El poder –amplificado por los grandes medios de comunicación– reproduce a diario falsas polarizaciones que contribuyen a sumar confusión a la desorientación reinante, desvían la mirada hacia cuestiones secundarias y escamotean el debate de la contradicción principal que, hoy como ayer, sigue siendo Liberación o Dependencia.

Esas disyuntivas tramposas no dan cuenta de la concepción fundamental de la dialéctica, en el sentido de que en la naturaleza todo está en un constante estado de cambio, que este cambio se produce a través de una serie de contradicciones y que es imperioso distinguir correctamente aquellas de tipo secundarias de la principal.

Las organizaciones populares y el conjunto de la militancia están atravesados por falsas opciones que eluden la discusión de fondo para resolver los problemas que aquejan a nuestro pueblo y sojuzgan a la Nación: El hambre, la pobreza, el salario, la inflación, la precarización laboral, la deuda externa, la crisis sanitaria, el saqueo de nuestros bienes naturales.

Permanecer enredados en el laberinto impuesto por la agenda mediática del poder retrasa la unidad del campo popular e impide evaluar con claridad las sendas que conduzcan hacia la Segunda Emancipación de nuestra Argentina.

El análisis binario de la realidad es funcional al ideario gatopardista que campea desde el inicio de la transición democrática. "Cambiar algo para que nada cambie", he allí la viga maestra de la construcción de un relato posibilista y de resignación, que hace del doble discurso el pan nuestro de cada día.

Ni los grandes monopolios industriales y agropecuarios ni los beneficiarios del saqueo de las privatizaciones fueron tocados en la médula de sus intereses. El modelo productivo depredador de los recursos naturales y la injusta matriz de distribución de la riqueza permanecen intactos desde la reinstalación de la democracia. No acometer a fondo esa realidad para removerla de raíz abriendo las compuertas a la participación y organización popular, constituye uno de los pecados capitales en los que han incurrido los gobiernos “progresistas” de aquí y de otros países de la región que terminan asfaltando la restauración oligárquica.

El 19 de junio de 2016 murió a los 99 años de edad un grande hombre, Don Ricardo Armando Obregón Cano, ex gobernador de Córdoba, que atravesó casi un siglo de nuestra historia protagonizando una vida política intensa, decente, comprometida y consecuente con el ideario de liberación.

Expulsado del gobierno popular de Córdoba -que encabezaba desde el 25 de mayo de 1973 con Atilio López como vicegobernador- por un grotesco golpe policial, "El Navarrazo", alentado desde Buenos Aires por el propio Presidente Juan Domingo Perón, y encarcelado por el gobierno de Raúl Alfonsín en la aurora del proceso democrático por obra y gracia de la Teoría de los Dos Demonios, Obregón Cano fue un militante indoblegable del Proyecto de Emancipación.

A propósito, vale la pena subrayar una frase de Obregón Cano que retrata esa conducta intachable de lealtad con las justas y nobles causas: “Tuvimos un proyecto de Patria en tanto otros lo tuvieron de Colonia. Que no pudimos, es otra discusión. Pero nadie nos quitará de la historia grande de la Patria Argentina. La de las mejores ideas, la de los más grandes patriotas”.

A más de 200 años de la Declaración de la Independencia, nuestro rol como clase trabajadora sigue siendo, hoy más que nunca, promover la unidad del Movimiento Popular, apuntalar la reconstrucción de un nuevo Proyecto de Liberación y luchar contra los falsos profetas que –ora a través del relato, ora a los palos y la criminalización de la protesta social- pretenden disciplinar a los que cuestionamos la explotación del hombre por el hombre y la dependencia.

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