La historia se repite: Primero como tragedia, luego como farsa
Sábado 2 de junio de 2018, por Manuel Justo Gaggero *
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Esta frase, acuñada por Carlos Marx, es sin duda la correcta para describir la situación que se da en este momento en el país. En el Día del Ejército -el 29 de Mayo- el “inquilino“ de la Casa Rosada que lidera la Ceocracia, anunció que piensa dictar un Decreto modificando totalmente el espíritu y la letra de la Ley de Defensa para que las Fuerzas Armadas se incorporen a la lucha contra el narcotráfico, la trata de personas y el terrorismo.

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* Abogado. Ex Director del Diario “El Mundo” y de las revistas “Nuevo Hombre" y "Diciembre 20”

Incluso se las autorizaría a realizar tareas de “inteligencia“ en el país. Esto, en un contexto de evidente crisis de la institucionalidad burguesa, en la que el presidente Macri apela al veto para impedir que una norma -votada por amplia mayoría en el Congreso nacional, que congela los aumentos de tarifas y le pone un límite a los mismos-, frene el “ajustazo” que lleva adelante este Gobierno.

También, cuando aún persiste la demonización de los pueblos originarios, en particular de los mapuches, considerados “terroristas” por el Ministerio de Seguridad, y permanecen impunes la dudosa muerte de Santiago Maldonado y el brutal asesinato de Rafael Nahuel.

A lo que se suman los casos de gatillo fácil con algunos de sus ejecutores felicitados por el titular del Ejecutivo. Todo ello en un escenario de crisis económica, recesión, aumento de los despidos, de cierres de pequeñas empresas y de un endeudamiento que compromete el futuro de la Nación.

Y por qué decimos que esta historia no es nueva, porque recordamos que, en febrero de 1975, la entonces presidenta de la Nación, María Estela Martínez de Perón, puso en marcha el pomposamente llamado “Operativo Independencia” con el que prácticamente dejó en manos de las Fuerzas Armadas el control del Norte Argentino con epicentro en Tucumán.

Como parte del mismo desembarcaron en la provincia, que es la cuna de la Primera Independencia, 1500 efectivos al mando, en esa primera etapa, del General Acdel Vilas. Los mismos instalaron un “campo de exterminio”, en una escuela en la localidad de Famaillá, en la que eran salvajemente torturados los detenidos. Gran parte de ellos “desaparecidos”.

En los primeros dos meses alcanzaron la cifra de 638; la mayoría trabajadores de la zafra y de los ingenios. Esta decisión también se dio en el marco de una profunda crisis y de crecientes protestas de los trabajadores y el pueblo que tuvieron su pico en el “Rodrigazo” en junio de ese año.

Un año después se produjo el golpe de Estado y la instalación del terror con más de 30 mil “desaparecidos”, miles de presos políticos y exiliados y la instalación de un modelo de país agro industrial con millones de excluidos y la hegemonía del capital financiero.

Éste aún persiste y se suma al diseño de la minería a cielo abierto y contaminante. Hoy, se vuelve a repetir aquel proceso, con unas Fuerzas Armadas que, ideológicamente, siguen defendiendo el “genocidio” de aquella etapa.

En este proceso, claramente regresivo, extraoficialmente se les asegura a los mandos castrenses que se pondrá fin a los juicios por crímenes de lesa humanidad; garantizándoles a los condenados que cumplirán las penas en sus domicilios.

No sorprende esta dirección del actual Gobierno si se tiene presente que el Presidente integró dos grupos económicos claramente vinculados con la Dictadura -Sevel y Socma- y que su gabinete lo conforman los ayer ejecutivos de multinacionales y de bancas internacionales, Shell, Morgan, etc.

En nuestro sufrido Continente hay dos experiencias, con resultados altamente negativos, en las que se involucró a las Fuerzas Armadas en la supuesta lucha contra el narcotráfico. En ambos casos, México y Colombia, se produjeron brutales violaciones a los derechos humanos denunciados por la Comisión Interamericana de Derechos Humanos -CIDH-, miles de desaparecidos y asesinados y la cooptación, por parte de los carteles de la droga más fuertes, de parte de los mandos castrenses que se sumaron al “negocio”.

No permitamos que la premonición de Carlos Marx se confirme como tragedia.

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