Cargill y la resistencia de los hombres comunes
Miércoles 7 de febrero de 2018, por Carlos del Frade *
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Cargill tiene el compromiso de ayudar al mundo a prosperar. Cargill ayuda al mundo a prosperar a través de sus conexiones dentro del sistema mundial de alimentos.

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* Periodista. Agencia de Noticias Pelota de Trapo (APE)

Conectamos a los productores agrícolas con los mercados, a clientes con soluciones sustentables en nutrición y nutrimos al mundo… Junto con agricultores, clientes, gobiernos y comunidades, ayudamos a las personas a prosperar al aplicar nuestras ideas y más de ciento cincuenta años de experiencia. Tenemos 155 mil empleados en 70 países, comprometidos con nutrir al mundo de manera responsable, reduciendo nuestro impacto ambiental y mejorando las comunidades donde vivimos y trabajamos – dice Cargill en su página argentina.

Su autoestima es generosa: ayuda al mundo a prosperar, como si fuera otro mundo; nutre al planeta y ayuda “a las personas a prosperar al aplicar nuestras ideas”, con lo que queda claro que las ideas de Cargill son las que deben aplicarse para alcanzar la prosperidad.

Cargill, cuya principal planta exportadora está en una maravillosa terraza cósmica que el Paraná dibuja en las barrancas de Puerto General San Martín, en lo que se conoce como Punta Quebracho, donde alguna vez las tropas de Mansilla vencieron a las flotas anglo francesas el 4 de junio de 1846 y que al expandir sus límites logró correr el monumento nacional que recordaba aquella gesta popular antimperial; Cargill acaba de despedir 44 trabajadores de sus empresas de Alvear y Villa Gobernador Gálvez, también en el territorio santafesino.

Desconoció la conciliación obligatoria dictada por el Ministerio de Trabajo de la provincia y acató lo resuelta por la cartera laboral nacional. Es decir, Cargill elige el lugar en el que busca legalizar los despidos. Está por encima del gobierno de la provincia de Santa Fe.

Ya en el año 2003, la multinacional había superado los mil millones de dólares de ganancias y en la Argentina, durante 2017, según su misma página oficial, informó que vendió por 109.700 millones de pesos, es decir, 211.161 pesos por minuto.

La empresa que corre monumentos nacionales, desconoce al gobierno de Santa Fe, tuvo una ganancia neta de 2.840 millones de pesos en 2017. Ganó casi 8 millones de pesos diarios; 328 mil pesos por hora; 5.478 pesos por minuto de utilidades netas.

Según sus ideas (aquellas que hacen prosperar a las personas) los 44 despedidos de Alvear y Villa Gobernador Gálvez deberían irse a sus casas con el dinero que la multinacional les ofrece.

Pero esos hombres sencillos, tozudamente, defienden sus lugares de trabajo.

“Alexis tiene 37 años y hace 9 que es operador en la planta Cargill de Villa Gobernador Gálvez. Ayer a las 6 de la mañana se presentó a trabajar y le negaron la entrada. Horas más tarde le llegó el telegrama de despido a su domicilio, sin causa alguna. El muchacho es sostén de familia, su mujer es discapacitada y tiene un hijo en edad escolar”, cuenta la periodista Paola Cándido.

Y agrega la historia de Claudio Campos: “Tiene 36 años y desde hace 5 trabaja en el área de descarga (movimiento), en la planta de Cargill de punta Alvear.

“Desde la parte administrativa de la empresa nos apretaban. Nos decían que si no aceptábamos el retiro voluntario de 200 mil pesos estábamos despedidos. Es decir, que no era un retiro voluntario sino un despido con aviso”, contó Campos. Claudio tiene dos hijos de 11 y 6 años que mantener y un crédito hipotecario de vivienda familiar para pagar todos los meses. Claudio reclama, junto con los otros 39 despedidos, la dignidad de trabajar”, apunta la crónica.

Cargill se instaló en Argentina en 1930, luego cerró su oficina por los efectos de la segunda guerra mundial pero ya en 1947 introdujo las llamadas semillas híbridas.

Los despidos que produce en el sur de la provincia de Santa Fe marcan el poder político de la multinacional.

Ante semejante despliegue de dinero e impunidad, sin embargo, está la resistencia de 44 trabajadores como Alexis y Claudio.

Una pelea que, en realidad, forma parte de una histórica lucha por saber si alguna vez en la Argentina estará sentada la noble igualdad en el trono de la vida cotidiana o seguirá implacable el despotismo de la innoble desigualdad.

Fuente: www.pelotadetrapo.org.ar

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