Paleoliberales atacan la sociedad salarial
Jueves 30 de noviembre de 2017, por Jesús Chirino *
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Hace un tiempo advierto acerca de la existencia de sectores políticos que no son cabalmente neoliberales, pues nada tienen de nuevo. Tampoco son liberales con sentido de culpa que podrían intentar morigerar, en algo, los desastres sociales que produce lo que ellos denominan “libre” juego del mercado.

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* Secretario General de la Unión de Trabajadores de los Estados Municipales (UTEM-CTA) de Villa María, Córdoba

Quizás deberíamos pensar si estos sectores no encuadran mejor en la categoría de “paleo-liberales”, pues sostienen posiciones que atrasan.

Proponen antiguas fórmulas que ya mostraron su total ineficacia para el logro de mejoras en la vida y la libertad de los individuos. Ahora, entronados en el gobierno, si bien tratan de envolver con atractivos celofanes sus antiguas propuestas, es claro que desarrollan un furioso ataque a la sociedad salarial, intentando que cada uno de nosotros tenga que enfrentar, de manera individual, las vicisitudes de la vida que hasta ahora salvamos gracias a sistemas protectorios nacidos de las luchas de los trabajadores que fructificaron en normas de derecho laboral y social.

Ejemplo de esto, es uno de los puntos de la Reforma Laboral propuesta por el Gobierno nacional, que pretende que cada trabajador pague su propia indemnización en el caso de que lo despida el patrón. Este punto, como tantos otros, muestran claramente que intentan el desarme de los sistemas de regulación y protectorios que permiten la real inclusión social de los trabajadores.

En el análisis de la Reforma Laboral propuesta, no puede dejarse de lado el hecho de que la degradación de las relaciones laborales, y protecciones sociales ligadas a las mismas, generará una vulnerabilidad social que no sólo operará hacia el disciplinamiento de los trabajadores, también generará reacción por el derecho a ser dueños de nuestras vidas que tenemos quienes vivimos de nuestro trabajo.

Es decir que se incrementará la conflictividad social. Pero, de conseguir sus objetivos los paleoliberales, llegaremos, como sociedad, a un debilitamiento de los soportes de sociabilidad y la consecuente desestabilización social, aunque es probable que sea luego que ganen sus dividendos quienes manejan los grandes capitales.

En los discursos que defienden la reforma, se nota que a los paleoliberales les queda cómodo hablar desde una concepción de individuo algo ingenua y ahistórica. Y digo “algo ingenua” porque es claro que se trata de una concepción al servicio de un sector social determinado.

Lo concreto es que refieren al individuo como entidad dotada de potencialidades en particular, de un alto sentido de responsabilidad, de espíritu de empresa alerta para ser desplegado apenas dejen de existir lo que anuncian como obstáculos (en especial las reglamentaciones del Estado).

Pero lo cierto es que el individuo real, el que cruzamos en la calle o quien vive con nosotros, sólo puede existir positivamente si posee el apoyo de otros. Socialmente decimos que estos apoyos son soportes construidos históricamente, es decir que no siempre fueron los mismos. Así tenemos, por ejemplo, que en los siglos XVII y XVIII el soporte fue la propiedad privada (lo que dejaba de lado a quienes no rendían esa condición).

Luego se construyó otro soporte, al que podríamos denominar de propiedad social, es decir la construcción de sistemas de protección que reconocen derechos sociales que se poseen más allá de la propiedad privada. Es decir sistemas que permiten a los no propietarios ser dueños de sus vidas, poder establecer estrategias personales en el marco de una cierta autonomía individual. Para manifestarlo de otro modo, habilita a no ser siervo de un patrón y poder fijar estrategias personales sin el permiso de éste.

Los paleoliberales plantean regresar muy atrás en la historia y hacer de quienes no somos grandes propietarios, es decir que trabajamos bajo relación de dependencia, que tengamos la vida subordinada a la arbitrariedad patronal (ejemplo propuesta de jornada extendida fijada por la patronal sin pago de horas extras). La caída de este tipo de reglamentaciones que ponen límite a la voracidad de la patronal contribuye al desarme de los sistemas protectorios, entonces el individuo no propietario, comenzará a vivir su condición como una aplastante carga que lo estrangula.

Sin poder extenderme aquí, lo dicho alcanza para entender que resulta legítimo preguntarse qué está detrás de esta elección de organización social. De manera cotidiana escuchamos especialistas que razonan, desde distintas disciplinas científicas, acerca de lo lógico que resultan las medidas propuestas. Antes de entrar en esas discusiones particulares, debe entenderse que todo el planteo paleoliberal parte de una elección de valores que considera que toda la vida social debe estar subordinada a la maximización de la productividad, a cualquier precio.

Cuando optan por eso, se torna “lógico” que no tenga importancia el descanso o la vida familiar del trabajador, y se le amplíe el horario de trabajo; tampoco les importa que el mercado por sí mismo no produzca lazos sociales; también se les torna necesaria la promoción del individualismo y la descolectivización (la amenaza de cerrar gremios, por ejemplo). Así podríamos seguir con una larga lista de “consecuencias lógicas” de esa opción de valores pues si la maximización de la productividad debe darse “a cualquier precio”, se tornan innecesarias tanto las protecciones en el ámbito laboral como la existencia de un Estado Social fuerte. Y también entienden como lógico que el trabajador tenga su vida subordinada a la arbitrariedad patronal.

Ahora bien, para entender esto no podemos creer que todo surge de una “lotería electoral” considerando que el resultado electoral por sí crea las condiciones para este proceso (que resistiremos). Debemos animarnos a pensar en las rupturas y continuidades con procesos políticos anteriores y advertir si, por ejemplo, la extensión de la precarización laboral (incluso en el Estado), el no reconocimiento de entidades gremiales independientes, permitir grandes concentraciones de riquezas en algunos sectores, ciertos formas de construcción política y otros tantos fenómenos, no han sido parte de este devenir.

El paleoliberalismo está poniendo todos sus esfuerzos en reformar la sociedad a partir de una opción de valores que no contemplan la libertad o felicidad de la mayoría de los ciudadanos. Es demasiado lo que está en juego para no asumir autocríticas y dejar de lado descalificaciones y rivalidades por cuestiones menores. Es necesario un reagrupamiento de las fuerzas populares, pero no para atarse a un pasado que debe ser analizado, sino para ser dueños de nuestro futuro.

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