Sobre las reformas y nuestras posibilidades
Martes 14 de noviembre de 2017, por Marta Maffei *
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Cada vez que avanzaron con reformas laborales, siempre con el pretexto de acabar con el desempleo, fue para bajar el costo empresario y sostener sus ganancias en medio de la retracción económica generada por un modelo productivo insostenible y la voracidad de acumulación a cualquier costo y bajo cualquier circunstancia.

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* Docente. Ex Secretaria General de CTERA. Ex Secretaria Adjunta de la CTA. Diputada Nacional (MC) por Unidad Popular (UP)

En una sociedad acosada por el desempleo, cualquier forma de empleo que se aproxime a la esclavitud: Más horas, menos protección, más incertidumbre, más exigencias, menos salario, despidos sin trabas… lo único que hace es incrementar el temor del trabajador empleado que termina aceptando las peores condiciones para no ser un desocupado más.

Aceptan más horas de trabajo, vacaciones postergadas, obras sociales deterioradas … mientras los que están afuera, siguen estándolo porque son necesarios para meter miedo, para disciplinar, para someter y porque a nadie le interesa convertir en empleo el mucho trabajo que queda por hacer en todos los rubros (educación, vivienda, saneamiento, salud, seguridad, salubridad, vivienda, cuidado…) entre tantas otras carencias que padecemos. ¡Y todavía nos dicen que no hay trabajo!!!

Todos sabemos que la generación de empleo no depende del modelo de relación laboral sino del ascenso social, el consumo popular y el acceso a los servicios de los sectores que están fuera por pobreza o por exclusión. Sectores cada vez más amplios, privados de lo indispensable, que seguirán en tales condiciones, a pesar de este nuevo simulacro de solución, si no media una verdadera alternativa popular

Ya fracasó con Menem, con Martínez de Hoz, con Cavallo y con otros, acá y en todo el mundo. Aunque se “venda como reforma para la inclusión laboral” nunca generó, ni va a generar, empleo.

Claro, en esta oportunidad y siguiendo los lineamientos de Durán Barba cuando plantea que “no hay que educar a la gente porque el reality show venció a la realidad”; la flexibilidad laboral y la explotación tienen mejor marketing, discursos, videos, prensa…pero los resultados sobre nuestro pueblo serán, indefectiblemente, los mismos

Y precisamente por eso, nosotros creemos que sí, que hay que informar, hay que desocultar, hay que comprometerse, no hay que guardar silencio porque el” reality show” le servirá a Macri para ser la primera minoría o para comprar votos en el Congreso, pero a los compañeros no les sirve para comer, para salir de la pobreza, para vivir con dignidad, nadie, aunque muchos lo crean, vive de lo que le muestran las pantallas

Nuestra producción está extranjerizada, se sostiene en un extractivismo destructivo con escasísimo empleo y es principalmente exportadora. Deja saldos inmensos a favor de la intermediación parasitaria y otros tan inmensos y pero infinitamente negativos para nuestros recursos naturales y nuestros pueblos vaciados, contaminados y enfermos.

En medio de esta crisis civilizatoria que fatalmente desemboca en más pobreza, más exclusión, más verso, más deterioro y destrucción, los trabajadores, las organizaciones sociales que hemos venido resistiendo estamos obligados a buscar alternativas.

No necesitamos demostrar que tenemos razón, la realidad ya nos la ha dado cientos de veces, necesitamos juntarnos para repensar estos escenarios tan adversos y construir alternativas a pesar de la incertidumbre.

Como dice el periodista amigo Raúl Zibechi, nos mintieron muchas veces diciendo desde la política, desde los sindicatos, desde las iglesias, desde el Poder Judicial, que hacían todo lo posible frente a una realidad tan adversa, porque hay otros posibles infinitos que nunca se han intentado.

Y yo sé, nosotros sabemos que sí, que hay otras posibilidades además de las migajas aceptadas por el establishment. Hay muchas posibilidades que no se exploraron, que no se forjaron, que no se quisieron o no se supieron ver.

Están los inéditos posibles esperando nuestra decisión, nuestro coraje, nuestra lucidez. Pero eso sí, necesitamos salir de la improvisación. Tenemos que prepararnos, como decía mi viejo, “para poner toda la carne al asador”.

Nuestras posibilidades, las de nuestros pueblos, no dependen de lo que el adversario tolera sino de cómo, cuándo, con quienes nos organizamos, cuantos saberes tenemos y cuántos estamos dispuestos a construir, cuántas experiencias podamos comprender, cuantas voluntades sepamos sumar, aún en escenarios tan adversos

Las posibilidades, las nuestras, las de todos, están en relación directa al arsenal y la organización que estemos dispuestos a construir.

Cuando el enemigo es poderoso, y ha aprendido a horadar la conciencia popular utilizando todos los recursos culturales que pueden someternos: Desinformación, sobreinformación, trivialización, ocultamiento etc etc. hay que hacer como dice Alfredo Grande, una oposición principalmente cultural para salir de la peor dependencia que es mirar nuestra realidad con los ojos y los valores del enemigo.

El filósofo Louis Althusser decía en “Los aparatos ideológicos del Estado” que “el éxito de la reproducción del sistema capitalista radica en lograr que el interés particular de los sectores dominantes sea asumido como interés general. Logran universalizar el interés particular. Para eso el Estado capitalista apela a los aparatos ideológicos: las Iglesias (cuyo poder fue central en la época precapitalista), la educación (eje sobre el cual se sostiene y reproduce el capitalismo actual), la producción del conocimiento, los medios de comunicación, en particular el ocultamiento, la trivialización, el entretenimiento…”.

Alfredo Grande dice crudamente: “La década del noventa, la que le peleamos, al menemismo, al neoliberalismo, no se fue. Llegó para quedarse y desarrolló el SIDA cultural y político, que logró más que las dictaduras, más que el terror y el espanto que sembraron las dictaduras, porque nos hizo adquirir una inmunodeficiencia que nos convirtió en posibilistas, temerosos del Dios Mercado. Resignados a la bancarización de nuestras vidas, resignados a consumir lo inútil y a no consumir lo necesario. Aceptamos la banalización de la democracia, convertida en un ritual electoral, para que, una y otra vez, volvamos al retorno de la inercia política, de una república sometida a los intereses privados de los dueños de la tierra, del agua y del cielo”.

Cada día tengo una certeza mayor: Solo podremos con ellos si nos preparamos para asumir el desafío, adquirir tolerancia ante nuestras propias falencias, comprender que hay muchas miradas y muchas alternativas, aceptar que no somos los dueños de la verdad, solo somos un sector de una inmensa mayoría que no quiere perder la posibilidad de construir un futuro distinto, incluyente, solidario, justo, donde podamos vivir bien

Es importante comprender donde estamos parados porque no hay tanto tiempo.

El saqueo y la destrucción en manos de los grupos económicos respaldados y promovidos por los organismos internacionales de crédito, amparados y protegidos por los gobiernos que simulan democracia, han sido tan fáciles y tan acelerados que, en respuesta, la tierra se ha vuelto peligrosamente inestable.

Creo que todavía tenemos posibilidades, aunque sé que no es sencillo…

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