Que el árbol no tape el bosque
Sábado 21 de octubre de 2017, por Juan Carlos Giuliani *
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La inminencia del próximo turno electoral este domingo, no debería subordinar la construcción cotidiana de una propuesta estratégica más vigorosa para darle sentido a la lucha colectiva de los que resisten la prepotencia del sistema de dominación.

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* Secretario de Relaciones Institucionales de la CTA

Resulta legítimo que ante la proliferación de candidatos del Partido Único del Ajuste y la Deuda se intente construir un amplio frente de unidad popular para conformar una alternativa superadora al actual modelo neo-desarrollista dependiente.

No obstante, y para que el árbol no tape el bosque, ello no debería hacernos perder de vista que las transformaciones pendientes en nuestro país requieren del reagrupamiento del Movimiento Popular fragmentado y disperso por debilidades propias y por la voluntad explícita del poder que ha fracturado toda organización que no puede subordinar a su antojo.

La crispación social que marca la actual etapa demanda la imperiosa necesidad de avanzar en una iniciativa política que convoque a un ancho espacio multisectorial que sea capaz de reunir a todos los que luchan y no se resignan a este presente de frustración para las mayorías.

En una situación donde 3 de cada 10 hogares son pobres y 7 de cada 10 no llegan a fin de mes, con el salario pulverizado por la inflación, donde permanece invicta la injusta matriz distributiva de la riqueza, con casi un 50 por ciento de la fuerza económicamente activa de la población precarizada, y con la brutal transferencia a manos extranjeras de la propiedad de la tierra, con los bancos como los grandes beneficiarios del sistema, el capitalismo reproduce sus fines de dominación.

La presión de los grupos económicos para el cumplimiento de los pagos externos con la intención de que no se investigue y determine qué deuda es legítima y cuál fraudulenta, propiciando un ajuste ortodoxo para que la crisis la paguemos los trabajadores, deviene en pérdida de empleo, suspensiones, mayor precarización y una extendida resistencia popular contra la política económica y social del Gobierno.

Estos grupos de poder alientan las formas de tercerización del trabajo para garantizarse mayores ganancias ya que estas relaciones laborales se construyen al margen de los convenios colectivos que rigen la actividad en las principales ramas de la producción. Ante esta realidad, el Ministerio de Trabajo de la Nación y los ministerios provinciales actúan como garantes del status quo, operando en infinidad de ocasiones como cómplices de las patronales.

La criminalización de la protesta -la desaparición forzada seguida de muerte de Santiago Maldonado es un caso emblemático que conmueve aquí y ahora al conjunto de la sociedad en el unánime reclamo de Justicia-, la naturalización de la violencia para la resolución de los conflictos, la ausencia de mecanismos del Estado para intervenir en diferencias domésticas que provocan, entre otras cosas, que una mujer muera asesinada cada 30 horas por femicidio, son otros tantos síntomas de las penurias sociales en una coyuntura en la que, pese a la división del campo popular y la actitud entreguista de la corporación sindical burocrática, se verifica el rechazo a los intentos de arrebatar los derechos conquistados.

A 34 años de recuperada la democracia, Argentina es el único país de la región donde ha aumentado la pobreza. Del 18,5 por ciento existente en 1984 pasó al 30 por ciento actual. Esta deuda pendiente refleja la falacia de un sistema que consolida la desigualdad social. Si bien el voto es importante, no alcanza con hacerlo cada dos años y, en el mientras tanto, quedarse en el molde, como meros espectadores, abonando la anomia social. Así no será posible revertir la situación de inequidad y falta de justicia social.

Frente a este nuevo acto electoral, no está de más consignar que el objetivo medular de la hora es constituirnos en actores y protagonistas de la sociedad, impulsar la unidad del pueblo en un proyecto común que nos permita no delegar más para gobernarnos a nosotros mismos. Queremos ser la piedra en el zapato del poder, plantear que esta democracia fosilizada se ha revelado incapaz de dar de comer, proveer educación y sanar al pueblo.

Por lo tanto, es menester promover una democracia participativa, plebiscitaria y de carácter social que termine con el hambre y la pobreza, el tributo que los gerentes del poder brindan impúdicamente en el altar del capitalismo globalizado.

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