¿En qué garras? ¿De qué poder?
Viernes 1ro de septiembre de 2017, por Claudia Rafael *
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Un mes. 720 horas. Santiago no está desde hace más de 2 millones y medio de segundos. Simplemente no está. No es. Y su desaparición, ese no lugar, esa ausencia que no se toca ni se huele, sustenta la violencia simbólica y real del poder que se va construyendo milimétricamente para lo que Weber llamaría la domesticación de los dominados.

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* Periodista. Agencia de Noticias Pelota de Trapo (APE)

Santiago no está desde hace 43.200 minutos. Y al desnudo quedan las estructuras de una sociedad que acepta. Endulzada en sus oídos por las construcciones mediáticas que dibujan explicaciones y falsedades.

La soledad se hace bramido y emerge como hongos en las paredes que interpelan desde el aerosol que ejerce la palabra. ¿Dónde estás Santiago?, se preguntan los muros mientras voces desperdigadas que, apenas por momentos se hacen colectivo, alzan su nombre. Un mes entero en el que no aparecen las respuestas. En donde lo que asoma, para quienes quieran ver, es el entramado de las connivencias de la Historia. Aquellas que enlazaron los nombres de los poderosos. Que mezclaron apellidos que dijeron conquistar desiertos para repartirse la Mapu en el pago de favores en aquel otro tiempo. Un tiempo que se siguió repitiendo. Con apellidos que siguieron volviendo. Para rifar la Patagonia y arrinconar a los pobres de toda pobreza. Los que no tienen ni tendrán, si la domesticación de los dominados sigue siendo designio.

¿Dónde Santiago? ¿Dónde te tienen? ¿Dónde estás? Rubio. Blanco. Artista bohemio y soñador. Que apoya la causa de los que se niegan a integrar las filas de los dominados.

Es alguien que estaba y ya no está. En ese suelo en pugna donde resisten los desoídos. Ya lo definió Julio Argentino Roca, en el tiempo en que los grandes nombres terratenientes eran los Pereyra Iraola, los Álzaga Unzué, los Luro, los Anchorena, los Martínez de Hoz, los Menéndez. “Sellaremos con sangre y fundiremos con el sable, de una vez y para siempre, esta nacionalidad argentina, que tiene que formarse, como las pirámides de Egipto, y el poder de los imperios, a costa de sangre y el sudor de muchas generaciones”. Y a los Martínez de Hoz, a los Anchorena (o a los Bullrich, como Adolfo, el fundador de la Casa de Remates –que ahora es Patio- allá por los inicios del siglo XIX), se acoplaron –en tiempo presente- los nuevos patrones de estancia de la Patagonia desmembrada: entre otros, Benetton, Tompkins, Lewis, Lay, Turner... Patagonia desmembrada como intentaron con Túpac Amaru, cuando los verdugos españoles hicieron tirar de sus piernas y brazos hasta que, para truncar su vida y su simbología, ordenaron ejecutarlo.

“Casi 30 millones de hectáreas de los mejores territorios son controladas por magnates y empresas externas. Reservas de agua, glaciares, paraísos naturales, campos fértiles y minerales estratégicos permanecen en manos foráneas”, escribe Patricio Eleisegui. Y Roca, fantasmal, insiste: “A costa de sangre” se fundan los imperios del poder. El tiempo suele diseñar otros formatos. Pierre Bourdieu señalaba que “lo que genera el poder de las palabras y las palabras de orden, el poder de mantener el orden o de subvertirlo, es la creencia en la legitimidad de las palabras y de quien las pronuncia”. Y en ese concepto de Bourdieu se explican demasiados convencimientos, demasiados cuerpos de cabeza gacha. Cuerpos que asienten y avalan.

Mientras la pregunta sobre el destino de Santiago es respondida con silencios, el periodista Ricardo Ragendorfer desentraña la existencia de un documento parido a mediados de 2016 después de tres cónclaves entre representantes securitarios del Ejecutivo y la Sociedad Rural de Chubut, Río Negro y Neuquén. Los originarios –garantiza- “se proponen imponer sus ideas por la fuerza con actos que incluyen la usurpación de tierras, incendios, daños y amenazas”. Y afectan “servicios estratégicos de los recursos del Estado, especialmente en las zonas petroleras y gasíferas”. Como parte de la lucha del tandem Estado nacional-usurpadores de la tierra a fines del año pasado se instaló Gendarmería en El Maitén “con tres camiones Unimog, otros tres hidrantes y uno de comunicaciones, junto con 12 camionetas, seis combis y tres autos no identificables”. Un total de 130 gendarmes que se repartieron entre sus instalaciones y una casa dentro de la estancia de Luciano Benetton.

Pero Santiago Maldonado no está. ¿Dónde te llevaron, Santiago? El plato que debía compartir en la casa de sus padres, en 25 de Mayo, sigue vacío. Su ausencia se respira desde hace exactamente un mes. Que va sumando minutos y horas. Que va cobijando palabras no dichas. Abrazos nunca dados. Besos baldíos.

Hoy se marcha en su nombre cuando él jamás se soñó en remeras y en pancartas. Santiago, que no estaba destinado a ser bandera ni tatuaje en otras pieles. Se marcha con su rostro bello y barbado en afiches y estandartes como se marchó el lunes por otros semblantes. La mayoría jóvenes. Oscuros y anónimos. Tantos, olvidados. Y muchos sin siquiera haber tenido, quién en su nombre, alzara fuerte la voz. Hundidos en cárceles a cielo abierto. Castigados en zanjones sombríos. Se marchó el lunes, como se marcha hoy para que escuchen los aturdidos y los tibios. Para que oigan quienes quieran oir y quienes no.

Santiago no está. ¿Dónde existe ese suelo firme que sostenga tus pisadas? ¿Dónde está tu cuerpo joven y tus sueños en manojo? ¿Dónde está tu vida que sabe a dolor prematuro?

¿En qué lugar se hospeda la idea de una condición humana sin fronteras ni crueldades?

Santiago hoy está pariendo historia, como jamás hubiera querido. Como tantos parieron a sus padres y a sus hermanos.

¿Cuál es el sitio del que hay que rescatarte? ¿De cuáles garras del poder?

Un poder que no es lineal. Que adopta formatos diversos. Que se traviste. Que, en ocasiones, se muestra desnudo en sus tiranías. O que, en otras, endulza con promesas vanas. Que tiene mil máscaras.

¿En qué garras? ¿De qué poder? escribe Pilar Calveiro. Y profundiza cuando plantea que “los mecanismos y las tecnologías de la represión revelan la índole misma del poder, la forma en que éste se concibe a sí mismo, la manera en que incorpora, en que refuncionaliza y donde pretende colocar aquello que se le escapa, que no considera constitutivo”. Y los lazos de Santiago, bello, blanco, de ojos verdes, con el pueblo mapuche en pie de lucha por su tierra no es constitutivo para ese poder.

Hoy se marcha. Cuando los segundos corren y apremian. Con Santiago que mira desde las banderas. Y espera. Para dejar de ser tatuaje y sentarse a la mesa. Y florezcan los abrazos.

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