La muerte es el límite
Miércoles 5 de julio de 2017, por Jesús Chirino *

La muerte debería ser un límite pero en Villa María parece ser diferente. Un hombre pobre de la ciudad, Juan Cabrera, murió y sus vecinos se indignaron pues habían advertido al municipio acerca de la necesidad de cuidar esa vida, de protegerla, de ayudarle, de proporcionarle seguridad.

Compartir este articulo:

* Secretario General de la Unión de Trabajadores de los Estados Municipales (UTEM-CTA) de Villa María, Córdoba

Las autoridades no hicieron mucho y aquellos que el vecindario temía sucedió, la muerte de Cabrera los sacudió, pero quizás los estremeció mucho más la respuesta de las autoridades municipales que dicen no ser responsables de nada. Comunican que Cabrera no era insano y no podían sacarlo de su medio. También dicen que la nota presentada por los vecinos fue derivada, desde el Muni Cerca al municipio, como si el primero no fuera parte del segundo. Pero este último dato desnuda una concepción del poder político local, muestra el tratamiento burocrático de la vida del vecino.

Tal vez sea necesario, para algunos, tener en claro que Cabrera era un vecino de la ciudad, un ciudadano con todos sus derechos. El hombre tenía problemas pero también existían vecinos comprometidos, es el Estado quien no respondió como debía, sólo cumplió con formalismo, derivó notas, visitó a Cabrera y, producida la muerte, sus funcionarios realizaron declaraciones lavándose las manos. Quizás en la esperanza que todo, rápidamente, caiga en el olvido, que la propaganda oficial tape la muerte de un ciudadano y que nadie deba dar respuesta alguna.

Se podría esperar que la muerte fuera un límite y ante ella los funcionarios pudieran, por lo menos, dudar acerca de si no podrían haber intervenido de otra manera. Pero no, dicen que no podían, que este Estado no pudo y fue impotente ante la realidad de la pobreza y la marginalidad. Aunque nos duela dicen una verdad incuestionable, la propaganda puede maquillar la realidad pero no la cambia. Ahora ahondarán en las causas del deceso, tratando de encontrar algún dato que permita disculparlos y arrojar la muerte de Juan Cabrera al olvido.

El fallecimiento de Juan Cabrera no aparecerá en el resumen semanal de noticias municipales que escuchamos en las radios y a cada rato nos reitera Internet. Y eso no pasará porque la muerte del ciudadano Cabrera cuestiona el avance de la ciudad hacia un buen lugar, expone insensibilidades y nos interpela a todos.

Si la muerte de Cabrera apareciera en el repetido eslogan“Villa María Avanza”, nos daremos cuenta que quizás vamos hacia lugares no muy buenos. Si pensamos el cuerpo frío de Cabrera, abandonado por el Estado, y escuchamos “Villa María Avanza”, abrazaremos nuestros hijos porque no queremos la insensibilidad como destino, pero tampoco como práctica del Estado.

Por ahora el intendente Martín Gill parece ajeno a todo esto. Él, jefe comunal, es quien decide las políticas que se ejecutan, quien nombra y sostiene a los funcionarios municipales. Esperemos que no sea de los que quieren que la muerte de Juan Cabrera quede en el olvido. De ser así sólo quedarán los eslóganes intentando aturdirnos para que no advirtamos la realidad.

Entonces, ni la muerte será un límite.

sitio desarrollado en SPIP