De Angelelli al narcotráfico
Martes 16 de mayo de 2017, por Carlos del Frade *
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"No tengo lo que más quería en mi vida, mi único hijo. Vivo, a tres años de su asesinato, amenazada de muerte y sin justicia. Èramos tres personas muy felices. Sólo pido justicia", dice Mirta Argentina Collante, mamá de Mario Roberto Taboada, asesinado el 24 de mayo de 2014 en la ciudad de Todos los Santos de la Nueva Rioja, capital provincial de La Rioja, cuando tenía solamente veintiséis años.

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* Periodista. Agencia de Noticias Pelota de Trapo (APE)

En el año 2011, Mirta denunció la presencia narco en el barrio CGT de la capital riojana. A partir de ese momento, la vida de su familia quedó marcada. Durante dos años se mudaron de barrio pero decir lo prohibido tiene costos. Pagó con la vida de su único hijo.

Las crónicas periodísticas informaron que el cuerpo de Mario “fue hallado con los primeros rayos del sol en el camino al boliche El Pinar, una conocida discoteca de la capital provincial. Tenía rastros de sangre en la nariz y tres pinchazos, por lo que la conclusión de la Policía fue rápida y de manual: murió de sobredosis. Sin embargo, la autopsia arrojó que la lesión en la nariz se la produjo un anestesiante (cloroformo) y las inyecciones que recibió tenían una mezcla de ketamina y potasio, dos sustancias cuya combinación es letal. La investigación no tardó en dirigirse contra Matías Sebastián Oliva, un amigo de la infancia de Taboada que hoy sigue siendo el único detenido por el caso”, apuntaron los medios.

Agregaron que esa noche Taboada “partió alrededor de las 21.00 a encontrarse con Oliva. Iba a ser una reunión corta, ya que entre ambos casi no había relación y la víctima había pactado para las 23:00 una cita con su novia. Por eso, una vez hallado el cadáver, las miradas apuntaron hacia Oliva, que fue la última persona en verlo con vida y la primera en verlo muerto. En el medio, el acusado cometió muchas torpezas. No sólo dejó que alrededor de las 21:30 al menos seis testigos vieran el cuerpo de Taboada recostado en el asiento del acompañante del auto en el que se movió esa noche, sino que además amenazó a una mujer que lo vio arrojando unas gasas ensangrentadas en un terreno baldío. Actuó como un verdadero amateur”, añadieron los artículos de la prensa regional y nacional.

A las pocas horas del crimen, la policía allanó “la casa de la novia de Oliva, Yanina Moreno, una instrumentadora quirúrgica que no está imputada en la causa pese a haber incurrido en contradicciones durante sus declaraciones. En la vivienda no sólo estaba el celular de la víctima, sino que había ampollas inyectables, agujas y jeringas descartables, un par de zapatillas cuyas huellas coincidían con las que había alrededor del cuerpo de Taboada, un calzado con manchas de sangre y un frasco con cloroformo. En ese acto Oliva fue detenido”, indicaron las fuentes periodísticas.

Mirta está convencida, tres años después, que el juez federal de La Rioja, Daniel Herrera Piedrabuena, “tiene más de cuatrocientas denuncias de narcotráfico archivadas y es amigo personal de Luis Beder Herrera”, no solamente ex gobernador de la provincia, sino la verdadera expresión del poder concentrado en ese punto de la geografía argentina.

Para la mamá de Mario, el narco que manejaba el barrio CGT es Adrián Mario Vega, el que contactó a Matías Oliva, “el sicario”, tal como le dice Mirta.

En la capital riojana a la cual se arriba por la ruta 38, llamada “Enrique Angelelli”, en recuerdo del obispo asesinado el 4 de agosto de 1976, por haberse comprometido a luchar contra las mafias y poner un oído en el pueblo y otro en el evangelio. Por esa misma ruta, a fines de marzo de 2017, fueron incautados cien kilogramos de cocaína. Por la ruta que recuerda el asesinato de Angelelli, hoy viajan los negocios impunes del narcotráfico. Pesada parábola que puede verse en el crecimiento del dinero. En 2014, la información oficial del Ministerio de Seguridad de la Nación, decía que se habían secuestrado dos kilogramos de cocaína en la provincia. Un año después, eran ocho los kilogramos de la sustancia blanca. El negocio se cuadruplicó.

La matriz de la doble caja del negocio: por un lado, dineros lavados en el centro de las grandes ciudades, por el otro, en los barrios, pibas y pibes asesinados entre ellos.

Mirta está convencida que su dolor es directamente proporcional a la impunidad que gozan los hijos del poder.

Ella, a pesar de todo, sigue peleando por justicia.

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