El 30 de marzo fue un vendaval
Jueves 30 de marzo de 2017, por Víctor De Gennaro *
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El 30 de marzo fue un vendaval. Miles y miles de trabajadores en ese día de 1982, expresamos el repudio a la dictadura militar por las calles de la ciudad de Buenos Aires. No esperábamos ni tanta gente ni tantos palos cuando enfilábamos para Plaza de Mayo.

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* Fundador de la CTA. Presidente de Unidad Popular (UP). Diputado Nacional (MC)

Era cierto, la dictadura ya venía en caída, y el año anterior probamos lo que significaba ganar las calles, cuando Saúl Ubaldini encabezaba nuestra columna en la llegada a San Cayetano el 7 de Agosto de 1981; trataron de frenarnos en la cancha de Vélez Sársfield, pero se terminó doblegando a la fuerza policial.

Por eso, otra cosa distinta sería Plaza de Mayo: El mayor símbolo del poder del pueblo en la historia y la cultura nacional.

Cuando se tomó la decisión de marchar aquel 30 de marzo en aquella reunión de la CGT Brasil, que desde 1980 había sido la referencia de todas las resistencias de los trabajadores, yo representaba a las agrupaciones gremiales peronistas, ámbito donde nos constituíamos para organizar la resistencia de aquellos compañeros de sindicatos que se encontraban auto intervenidos por colaboracionistas con el régimen. Fue impresionante y, como siempre, las imágenes que desde el poder tratan de recordarnos ese día están asociadas a la represión bestial.

Claro que lo fue, no sólo por la secuela de miles de presos en un solo día, sino también por el asesinato del compañero Benedicto Ortiz en Mendoza.

Siempre tienen que mostrar lo que nos debilita. Lo que oculta el poder popular. Como con las fotos, las palabras y las imágenes de ese 30 de marzo: Sólo quieren que veamos la represión; como en la única foto que quedó en todos los archivos, pero, como en aquel día, hay otra realidad que descubrir y amar hasta enorgullecernos.

Otra cosa fue lo que yo vi y viví, ese día: La solidaridad de la gente, que nos abría la puerta de los edificios, para “guardar” a los que quería “cazar” la cana, la solidaridad y acción en cada comisaría, entre los presos, o la de los abogados o los de derechos humanos. Como siempre recuerda Nora Cortiñas, de Madres de Plaza de Mayo-Línea Fundadora, que a pesar de todos los prejuicios con los que habían querido separar a los organismos de los trabajadores fue recibida, con el fervor y el apoyo de todos, cuando reclamaba libertad.

Muy distinta, también, son las fotos que me quedaron a mí, en la memoria o en la piel: la columna que formamos en las avenidas Belgrano y 9 de Julio, con Saúl, Ricardo Pérez, Godoy y tantos otros a la cabeza que con la consigna Pan, Paz y Trabajo, iba camino de adueñarse de la Plaza.

La tenían que parar, como fuera, pero ya los días de la dictadura estaban contados. Y pensar que hay algunos que creen y siguen repitiendo como loros las palabras del periodista Bernardo Neustad que la dictadura se acabó porque los militares perdieron las Malvinas.

Es cierto, eso apresuró la caida (casi huída), pero lo que los derrotó, fue la resistencia popular de todos esos años, que tuvo sus formas, sus métodos; jalonado, edificado, en tantas y tantas luchas ocultas...

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