Recuerdos del futuro
Miércoles 22 de marzo de 2017, por Carlos del Frade *
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Desde los tiempos del primer gobierno de Carlos Reutemann, hoy senador y responsable político de la masacre de 2001 y las inundaciones de 2003, la multinacional norteamericana General Motors instaló su piedra basal en General Alvear, muy cerca de Rosario, ya por entonces ex ciudad obrera, industrial, portuaria y ferroviaria.

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* Periodista. Agencia de Noticias Pelota de Trapo (APE)

El ex corredor de fórmula uno, de la mano del gobierno nacional de Carlos Menem, le dio todas las exenciones impositivas que pidieron.

La planta fue levantada y durante años vivió de los automóviles que, entre otros lugares, tenían por destino la dotación de vehículos de La Santafesina SA (*). Le llegaron créditos de la ANSES y todavía hoy goza de impunidades impositivas provinciales. La General Motors es una de las credenciales del imperio. En estos primeros días de marzo de 2017, la empresa firmó con el sindicato, SMATA, un acuerdo que incluye la suspensión de 350 trabajadores. El problema es que el punto seis del convenio dice que el 30 de noviembre esas suspensiones se convierten en despidos.

General Motors no tiene razón económica alguna para producir suspensiones y despidos. Miente una supuesta crisis para ajustar, importar robots que por ahora no tendrán ideas reivindicativas y cuenta con el beneplácito del poder. Zona liberada para despedir. Despedir para aumentar la tasa de ganancia.

El regreso de los años noventa, recuerdos del futuro.

General Motors está en el puesto 51 entre las mil empresas que más facturan en la Argentina.

Su último balance, presentado en 2016, dice que facturó por 13.842 millones de pesos, a razón de 38 millones por día, 1,6 millones cada hora y 26.701 pesos cada sesenta segundos. Y ganó, utilidades netas, por 1.702 millones de pesos. Casi cinco millones de pesos diarios de ganancias netas.

General Motors imposta una crisis que no tiene.

Miente una crisis porque la dejan mentir.

En la geografía rosarina, en forma paralela a que se movilizaban los trabajadores suspendidos, había una visita ilustre.

El presidente de la Nación, Mauricio Macri, paseó su mirada triunfal sobre la economía y la política del país. En esas mismas horas, decenas y decenas de trabajadores de la General Motors, acompañados por sus esposas e hijos, marcharon hasta la sede del sindicato en pleno corazón del barrio Arroyito.

La plana mayor de la comisión directiva no los atendió. Estaban en la planta de la General Motors, le dijeron a los delegados. Por eso, los delegados los recibieron en la puerta del gremio.

Los afiliados de la organización ni siquiera pudieron entrar a su propio sindicato.

No eran vendedores ambulantes ni recitadores de credos ajenos a la cultura popular argentina, eran trabajadores, muy jóvenes, de la multinacional. Sin embargo, allí, en la puerta de su segunda casa, los escucharon y les dijeron que tenían que resignarse.

Algunos medios de comunicación registraron esos momentos de la charla apurada e irrespetuosa para con los trabajadores.

Las postales registradas marcan el estado actual de las mayorías trabajadoras en la Argentina crepuscular del macrismo.

La joven mujer viene llorando del encuentro con los dirigentes de SMATA. Pidió que las suspensiones no se lleven adelante. Y escuchó algo perverso: "Quedate tranquila. Ya hay robots para hacer el trabajo de ustedes". Cuando la mujer vuelve con sus compañeras y sus compañeros recupera el semblante. Siente que no está sola. Que la lucha sigue y que no hay robot que pueda con la dignidad de los trabajadores que no aceptan resignarse.

- Esto es así...lo tienen que aceptar. Me pasó lo mismo a mí cuando estaba en Massey Ferguson - le dice uno de los dirigentes de SMATA que recibieron a los delegados de la General Motors. El cierre de Massey Ferguson fue en setiembre de 1999 pero antes vinieron las suspensiones y los despidos. Dos postales del regreso de los años noventa: la resignación y la supuesta omnipotencia de las decisiones de las multinacionales. Contra esas dos fenomenales construcciones políticas culturales del poder concentrado luchan las trabajadoras y los trabajadores de General Motors.

Las trabajadoras y los trabajadores de esta credencial del imperio que la General Motors no quieren resignarse a la vuelta impune de los años noventa.

Por eso pelean, se movilizan y discuten. No quieren ser habitantes silenciosos del agujero negro de la desocupación.

(*) La policía de la provincia de Santa Fe

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