Cuenta nueva sin borrón
Lunes 16 de enero de 2017, por Alfredo Grande *

Una de las máscaras de la impunidad es el año nuevo. El refranero represor sentencia: borrón y cuenta nueva. O sea: a lo hecho, pecho. Lo pasado, pisado. Pájaro que comió, voló. Mañana será otro día. Año nuevo, vida nueva.

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* Psiquiatra y Psicoanalista. Director y actor teatral. Periodista y escritor Agencia de Noticias Pelota de Trapo (APE). Miembro Fundador y Presidente Honorario de ATICO (Cooperativa de Trabajo en Salud Mental)

Y como todos estamos atravesados por la cultura represora, aunque no de la misma manera, el que esté libre de brindis que tire la primera copa. La trampa represora es el significante “nuevo”. Atractivo, sin dudas. “Mi amor, soy un hombre nuevo” dice el golpeador anticipando futuros femicidios.

Hay un nuevo convencional, encubridor, que es simplemente la continuidad de lo viejo con un packaging más atractivo. Algo así como un 2016 post botox y post siliconas. Sin embargo, el mismo refranero represor, en sus momentos de mayor transparencia, aclara: “mejor malo conocido que bueno por conocer”. Traduzco: “mejor viejo conocido que nuevo por conocer”. O sea: esperamos el año nuevo por la sencilla razón de darle una línea de huída al año viejo. Que también fue nuevo hace apenas 12 meses. Una nadería en el tiempo histórico.

La banalización de lo nuevo tiene un horario preciso: 0 horas del 1 de Enero. Y luego todo tipo de pirotecnia. En el mejor de los casos, también sexual. Pero no siempre. Los fuegos serán apenas artificiales. O sea: la fragua donde se templan nuestros deseos libertarios, se clona en una mirada asombrada de la artificialidad del fuego. La guerra del fuego queda reemplazada por un sainete artificial de luces y sonido, donde los pobres miran lo que los ricos derrochan. Casi como durante todo el año.

La cultura represora es planetaria y por lo tanto la artificialidad de los fuegos, también. Pero mientras miramos alborozados hacia arriba, la cultura represora nos socava desde abajo. Mi amiga Susana Etchegoyen, militante política, social, integrante del Colectivo contra la Tortura, me advirtió sobre la llegada del fascismo, luego de un breve paseo por la derecha liberal. Le mencioné mis artículos sobre “Fascismo de Consorcio” publicados hace varios años. Y “Narco Fascismo” donde señala que “lo narco” es una lógica donde se mezcla la máxima rentabilidad con la máxima toxicidad. “Lo narco” es una política alimentaria, del medio ambiente, de la estafa de los peajes, de los asesinatos seriales por hambre, frío, calor, tristeza y miseria.

El fascismo tiene sobre las masas una acción narcotizante. Puede ser euforia, como las masas hitlerianas. Pero puede ser anestesiante, paralizante, confusionante, como las masas en democracia. A veces los efectos de “lo narco” desaparecen y entonces es el 2001. Pero rápidamente, elecciones mediante, las rebeldías desaparecen, se retiran las cacerolas y son penalizados los piquetes.

“El último día del año, los despidos en educación estuvieron a la orden del día. En la Carrera de Medicina de la Universidad de la Matanza fueron quince docentes. La mayoría pertenecientes al sindicato SIDUNLAM, se trata de una clara persecución gremial y una idea de generar miedo. En la última hora del último día hábil de 2016 casi quince docentes de la Carrera de Medicina de la Universidad de La Matanza recibían un correo electrónico que anunciaba su despido: “Le comunicamos a Ud. que dentro del marco de la planificación de la oferta académica no está considerada su participación para el primer cuatrimestre 2017. En los próximos días recibirá la comunicación de forma a través de la dirección de Recursos Humanos”. De estas y estos docentes, la gran mayoría es parte de la comisión directiva de SIDUNLAM, que mediante este acto administrativo, ha quedado prácticamente vaciada. A su vez se trata de profesores/as que estaban en una situación de precariedad laboral: hace años eran “contratados”, porque la UnLaM no abrió los concursos que hubiesen sido reglamentarios. (Por Natalia Israeloff*, Marcha 4 de enero).

Ni siquiera se puede hablar de trabajo sucio. Son “despidos limpios” ya que la precarización laboral de contratos basura ha hecho del empleo en el estado algo así como practicar surf con varios tiburones. Algunos llaman a esto oficina de recursos humanos y modernización. Nada nuevo bajo el sol de la democracia.

Los que pretenden enseñarnos que han regresado los 90, ocultan además de ser copartícipes de esa depredación, nada hicieron durante más de 12 años para revertir algunos de los efectos más nocivos. Un botón; la bancarización de la vida. Más allá de las diatribas contra Cavallo, y haber trasladado la estatua de Colón, la Patria Financiera ha sido una de las ganadores del Operativo Paloma Democrática. Ni siquiera expropiaron el B.A.U.E.N, que ahora tiene la afrenta de un veto presidencial. Veto y Reto. Veto vale cuatro no habrá porque los legisladores no se cuidarán de ser más macristas que Macri.

Lo que en realidad se veta no es una ley. Eso es un reduccionismo jurídico. Lo que se veta es la historia de las corajudas batallas de trabajadores no para defender fuentes de trabajo, sino para subvertir el paradigma de la propiedad privada y la heterogestión. De nosotros depende que ese veto no tenga espacio ni tiempo en el horizonte de nuestras mejores aspiraciones. Para una cultura no represora, la seguridad es necesidades básicas satisfechas. Y deseos básicos satisfechos. Y derechos básicos satisfechos.

Ahora bien: lo básico no es lo precario. Ni lo elemental. Ni lo indispensable. Básico es la base. El cimiento. El fundamento. Aquello que sostiene, soporta, toda la estructura subjetiva: individual, vincular, social. Lo básico es el abrazo, nos enseñaría Alberto (Morlachetti). Pero no cualquier abrazo, le contestaría al Morla, solamente para que se enoje un poco. Ni el abrazo ni el beso de ninguna mujer araña, parafraseando a Manuel Puig. Abrazo tierno, cariñoso, amoroso. Abrazo implicado. Con el presente y el futuro. Eso es seguridad. La cultura represora lo entiende de otra manera.

“El jefe del espía Américo Balbuena estará el frente de la Dirección General de Antiterrorismo (APL) Por decisión de la ministra de Seguridad Patricia Bullrich Pueyrredón, el comisario inspector Alejandro Oscar Sánchez será el nuevo director de “Antiterrorismo”. Bajo su mando, el agente de inteligencia de la Policía Federal Américo Balbuena estuvo infiltrado en la Agencia de Noticias Rodolfo Walsh, por más de 10 años, desde donde espió a los padres de Cromañón, la Fuba, entre muchos otros. Balbuena dependía de la sección Reunión de Información de la División de Análisis de la PFA. En ese entonces, su jefe directo era Sánchez. Antes del traspaso de la Federal a la Ciudad, Sánchez fue nombrado Director de Comisarías: uno de sus objetivos era el control de las manifestaciones y los piquetes. Como puede apreciarse, la plutocracia al mando del despojo no ahorra esfuerzos para la represión y la impunidad. (Fuente: Cosecha Roja)

Cuando advertimos sobre la nefasta ley antiterrorista, nos decían: “nosotros no la vamos a aplicar”. Y entonces: “¿para qué la sancionan?”. Callate gorila era la respuesta más suave. Por eso todo antimacrismo que no incluya qué hicimos nosotros para llegar a esto, es parte del problema y nunca será la solución. Escuché decir a Guillermo Moreno que el problema de la Argentina eran 1000 familias de “garcas”. Qué pena que tantas décadas de agua peronista no pudieron apagar ese fuego destructor. Ahora es tarde. Ninguna de las opciones del pasado, ni el más reciente, ni el más lejano, sirven como soluciones de este aterrador presente. Poco me importa el año nuevo. Mucho el pensamiento nuevo. El pensamiento crítico. Y la rebeldía libertaria. Por eso creo que tengamos muchas cuentas nuevas, pero ningún borrón.

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