Decisión soberana
Domingo 20 de noviembre de 2016, por Juan Carlos Giuliani *
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Desde 2010, año del Bicentenario, por disposición del Poder Ejecutivo el 20 de noviembre, Día de la Soberanía, es Feriado Nacional. Se trata del justo reconocimiento a una gesta histórica meticulosamente ignorada por la cátedra oficial: La Vuelta de Obligado.

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* Periodista. Vocal de la Comisión Ejecutiva Regional de la CTA Autónoma Río Cuarto. Secretario de Relaciones Institucionales de la CTA hasta septiembre del 2018.

No es un día cualquiera. Es un hito histórico fundamental en el largo derrotero de la lucha inconclusa entre ser Patria o Colonia.

El 20 de noviembre de 1845, en la batalla de la Vuelta de Obligado, algo más de un millar de argentinos enfrentó a la armada anglo-francesa, la más poderosa del mundo, en una epopeya que permitirá apuntalar una perspectiva de Nación soberana.

Corrían años turbulentos, gobernaba Juan Manuel de Rosas y José de San Martín lo apoyaba desde su exilio europeo. A tal punto el Libertador consideró digna y patriótica la respuesta dada por Rosas al Imperio que, a su muerte, le dejaría como legado su sable corvo, con el que emancipó nuestro país, Chile y Perú. Un episodio que la oligarquía y la superestructura cultural del sistema en general no han podido rebatir y, por el contrario, han ocultado cuantas veces han podido.

No encuadra en su formato de historia domesticada y neocolonial que el “Padre de la Patria” haya elegido al “tirano” denostado por las clases pudientes para ofrendarle su sable, el arma que simboliza la voluntad colectiva de un pueblo para protagonizar la primera Independencia.

A 171 años de los acontecimientos de la Vuelta de Obligado, somos un país dependiente, desgarrado por las mutilaciones a su soberanía fruto de un proceso de recolonización que se expresa en un modelo productivo agroexportador, sojero, extractivo, con un creciente nivel de concentración y extranjerización de la riqueza.

La estrategia de poder del bloque dominante se asienta en la idea-fuerza de reprimarizar la economía envenenando el medio ambiente y condenando a la pobreza y el sufrimiento a millones de compatriotas.

Para nosotros, los trabajadores, la soberanía tiene una dimensión integral: Soberanía nacional, soberanía alimentaria, soberanía energética, soberanía comunicacional, soberanía sobre nuestros bienes naturales. Soberanía popular para decidir nuestro propio destino sin aceptar tutela alguna que condicione nuestra autodeterminación. Para no delegar más y promover las instancias que hagan falta para que el pueblo delibere y gobierne. Para reconstruir un Estado soberano al servicio del bien común que respete y defienda los derechos humanos y sociales.

La lucha consiste en conseguir que ese ideal de soberanía se transforme en el cimiento de la segunda y definitiva Independencia a partir de una fuerza social y política organizada, capaz de darle carnadura a un nuevo Proyecto de Emancipación Nacional y Latinoamericana. Es un sueño, una alternativa, una posibilidad que está empezando a amanecer. Y esta sensación de que lo nuevo estaba entre nosotros persiste.

El verbo es una palabra que indica acción: Participar, organizar, compartir, militar por una causa noble. Quiérase o no, el pensamiento crítico está alumbrando una teoría que intenta explicar -sin intermediarios- lo que acontece en nuestra aldea y el mundo. Una correntada de aire fresco que, a su vez, se convierte en una fuerza potente y transformadora para reinterpretar el continente y repensar nuestra historia.

Reside en estos arrabales del mundo el convencimiento de que es hora de sustituir la certeza de los paradigmas que se cayeron por la esperanza de lo nuevo a construir. Y esa es una decisión soberana y colectiva.

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