Las elecciones en Estados Unidos y lo que nos espera
Jueves 10 de noviembre de 2016, por Adolfo Aguirre *

Este año es definitivamente un año político muy complejo.

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* Secretario de Relaciones Internacionales de la CTA Coordinador del Foro por los Derechos de la Niñez, la Adolescencia y la Juventud de la Provincia de Buenos Aires

Primero el Brexit, donde el Reino Unido decidió salir de la Unión Europea; luego el rechazo vía plebiscito al tratado de paz en Colombia entre la guerrilla de las FARC y el gobierno; seguido por el Golpe a Dilma en Brasil; y ahora como palazo final la elección de Donald Trump como presidente de Estados Unidos. En los tres eventos se da un rechazo similar a la clase política predominante por una parte de la población que no se siente representada, en especial fuera de los grandes centros urbanos.

En el caso de Estados Unidos, quedó claramente demostrado que hay una base de la población blanca empobrecida, con empleos precarios y que vive en ciudades de menos de 100.000 habitantes, que ha tomado una posición crítica respecto del sistema político predominante, representado en esta elección por la candidatura de Hillary Clinton. El Estados Unidos blanco salió a votar mucho más decidido que otros grupos, como los latinos y los negros, entre quienes muchos decidieron quedarse en sus casas antes de tener que elegir entre un candidato agresivo que rechaza la participación de las comunidades en la vida norteamericana, y una candidata que representa la continuidad de un modelo excluyente que no ha hecho más que empobrecerlos. Trump es un candidato, y ahora presidente electo, que surge de la protesta y de los efectos corrosivos de largo plazo que ha tenido el neoliberalismo en ese país.

Los efectos de la elección de Trump son impredecibles, ya que durante la campaña ha ido variando constantemente sus ideas políticas y sus propuestas. Respecto de América Latina, y como parte de una política exterior en teoría más aislacionista, se podría esperar una menor intervención en las realidades de nuestros países. Entre los datos más relevantes, Trump se propone terminar con los tratados de libre comercio, empezando por el NAFTA, lo que es un buen dato para nuestros países, así como su visión positiva de mantener la política de apertura hacia Cuba comenzada por el gobierno de Obama. Pero además de que Trump es impredecible, sabemos que la política exterior, y de seguridad, no la maneja el presidente sino que es un conjunto de actores nefastos que quedan en sus lugares más allá de los gobiernos. No hay lugar para ilusiones esporádicas.

Por otro lado, afecta y mucho a nuestra región la situación de los hermanos y hermanas latinos viviendo en Estados Unidos. La persecución contra los migrantes latinos, mayor presión hacia los empleadores y la posible confiscación de dinero de remesas (como lo expresó Trump en un tramo de la campaña), puede complicar seriamente la situación económica de los países latinoamericanos, en especial en América Central, que reciben una gran parte del PBI de esa fuente.

Para el movimiento sindical estadounidense es una derrota tremenda, ya que había apostado fuertemente a la candidatura de Hillary Clinton. Si bien Trump propone incrementar la producción industrial en Estados Unidos y romper con los tratados de libre comercio (en especial el NAFTA), también es cierto que se ha opuesto históricamente a los derechos sindicales, como lo demuestran los sucesivos juicios por fraude laboral que tiene en sus empresas.

Sólo la política puede sacarnos de estas circunstancias. Una política de bases, que busque proyectos inclusivos, que movilice y democratice el acceso a las decisiones más importantes de nuestros países. El triunfo de un candidato proto-fascista como Trump debe ser un llamado a reflexionar y cambiar por parte de las elites políticas y económicas. El año próximo hay elecciones presidenciales en Francia y en Alemania. Las chances de los partidos nacionalistas y xenófobos crecen, más con la elección de EEUU. No queda más remedio que reaccionar y organizar ante una situación que comienza a desbordar el sistema político tal como lo teníamos conocido.

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