Los múltiples frentes de la lucha contra el poder corporativo
Viernes 16 de septiembre de 2016, por Adolfo Aguirre *

El ‘Mini Davos’ organizado por el gobierno argentino es una señal de los tiempos que corren en nuestro país y en América Latina. Los Estados están cada vez más sujetos a una dependencia tremenda sobre las empresas multinacionales, tanto las que tienen origen en el extranjero como aquellas de origen nacional.

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* Secretario de Relaciones Internacionales de la CTA Coordinador del Foro por los Derechos de la Niñez, la Adolescencia y la Juventud de la Provincia de Buenos Aires

La diferencia entre una ‘burguesía nacional’ y las empresas extranjeras prácticamente es inexistente. Techint no tiene prácticas distintas que Arcelor Mittal, y todas compiten en lo que perciben como un mercado mundial. Esto afecta a nuestras sociedades de diferentes formas: ataques a derechos laborales, baja recaudación impositiva, ‘dumping social’, y profundización de la dependencia. La incapacidad de los Estados de generar una estrategia de desarrollo propia está íntimamente relacionada con la subordinación a las estrategias de las multinacionales.

Un reciente estudio de la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL) en conjunto con la organización no-gubernamental Oxfam enfoca sobre el grave problema de la evasión impositiva en nuestra región. El principal problema que tienen en términos de recaudación son los fraudes con los impuestos a la renta de las grandes empresas. En la región, ese impuesto representa el 5% del PBI, mientras que en los países desarrollados supera el 11%. La proliferación de los paraísos fiscales, expuesta en los Panama Papers, deja a los Estados sin capacidad de recaudación y dependiendo de la renta extraída a los trabajadores. Esto afecta el bienestar general, y en especial la capacidad de financiar políticas públicas en estados nacionales, provinciales y municipales. Un ejemplo claro en el caso argentino es el impuesto a las ganancias, que recae sobre los trabajadores en su gran mayoría, mientras que las transacciones financieras fluyen libremente sin ninguna recaudación impositiva que las afecte.

Desde el movimiento sindical se está produciendo una reacción que tiene varias aristas. No existe hoy organización sindical internacional que no tenga como objetivo de lucha a las grandes corporaciones. Tanto la Confederación Sindical Internacional como las diferentes Federaciones Globales (de servicios, industria, etc.) han puesto el eje de sus luchas en las corporaciones más importantes.

Esta lucha debe tener varias formas. Por una lado debe existir la denuncia respecto a las escandalosas condiciones de trabajo a la que son expuestos millones de trabajadores en el mundo. Esta denuncia no puede ser solitaria, y tiene que ir acompañada de un esfuerzo redoblado por organizar a esos trabajadores en los lugares de trabajo. Sin presencia en los lugares de la producción será muy difícil evitar que esas situaciones de explotación se repitan.

Por último, la estrategia sindical tiene que tener un componente orientado hacia el Estado, a la presión sobre los regímenes impositivos y a que se erradiquen los paraísos fiscales que son amparados por grandes potencias. En esta misma línea debe continuar el esfuerzo para que no se ataque el derecho a huelga, un componente clave para combatir a estas corporaciones.

El reciente caso de Apple y la multa impuesta por la Unión Europea por evasión impositiva muestra un camino posible a seguir. Apple deberá pagar 13 mil millones de euros a Irlanda por evasión impositiva en los últimos años. Pero este no es el único problema para la empresa. Las fábricas de Foxconn (donde se arman los Iphone en China) están teniendo los mayores niveles de conflictividad en más de 3 décadas. Esta doble presión tiene que ser acompañada por los sindicatos en el resto del mundo, y puede llegar a marcar un cambio en la perspectiva negativa que nos dejaron todos estos años de avance neoliberal.

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