Música para pastillas
Miércoles 4 de mayo de 2016, por Ignacio Pizzo *
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Time Warp, la fiesta electrónica de Costa Salguero, otorgó muertes prematuras y rollos de tela para cortar desde el sábado 16 de abril, cuando nos enterábamos del fallecimiento de 5 jóvenes y la internación en grave estado de otros 5 adolescentes.

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* Médico generalista en Casa de los Niños, Fundación Pelota de Trapo

Prohibir fiestas electrónicas en la Ciudad de Buenos Aires, fue la súplica reactiva que se configuró desde algunos medios y desde autoridades gubernamentales, como una muestra del predominante instinto reactivo, para tal vez demostrar que ése es el modo de terminar con las drogas sintéticas de diseño y con muertes-asesinatos de pibes. Franja etaria que como el planeta, se divide en clases.

Los productos de un mercado que oferta desde sustancias sintéticas de mejor calidad para los que cuentan con billetes, y restos del fondo de la olla para vender podredumbre de sustancias adulteradas, a los pibes arrabaleros, que se valdrán de alguna moneda para amansar la angustia de crecer bajo el hambre y la incomprensión. Parece ser una simple cuenta que cierra, para que todos pierdan. La muerte iguala las clases entre los adolescentes y sus vidas se entregan como sacrificios impunes. El capitalismo reclama el flujo de divisas, mientras en los féretros se cargan sueños aniquilados.

La solución: Pedir la prohibición de las fiestas electrónicas. En Clarín del 20 de abril se cita a alguna autoridad del gobierno porteño: “No es que no estamos autorizando eventos, nuestra idea no es prohibir las fiestas”. Mientras el encabezado titula “El Gobierno porteño pidió que suspendan las fiestas electrónicas”.

Es esperable entonces que en poco tiempo también se prohíba la cumbia y las bailantas. Quizá haya que prohibir a Bob Marley y los recitales de Reggae. O deberían haber incautado todas las guitarras eléctricas, bajos, micrófonos y baterías luego de la Masacre de Cromañón.

Separar prefectos imperfectos, acusar a “la droga” como ente vacío y hacer prófugo y luego detenido al presidente de Dell Producciones, organizador del evento, parecen medidas sensatas, entre mediocridad e inmediatez.

Respuestas del poder

Son las respuestas del poder, desde el poder y para el poder. El cual no es un ente vacío como “la droga”. Toma determinaciones en un intento de asociar música con sustancias. Simplificando una relación tan compleja, donde dicho poder es parte del problema y no la solución.

La investigación reveló que los asistentes eran 20.500. Casi el doble de lo que informó el Gobierno de la Ciudad. Cinco médicos y dos ambulancias para ese mar de población asistente hacinada, largas colas de hasta una hora para tratar de comprar agua, cuyo valor estaba cerca de los 100 pesos. Hasta 20 dealers, dentro del predio según testimonios de jóvenes sobrevivientes.

El predio de Costa Salguero, que supo ser cuna de fiestas de globos amarillos, fue la tumba donde las convulsiones y la hipertermia actuaron, no de manera azarosa, para que develemos que no siempre el rock y la cumbia de los villeritos grasas o de los paqueritos de gorras son los vestidores de la peligrosidad y el consumo.

Werner Pertot, periodista, informó que Costa Salguero es para Mauricio Macri el lugar elegido para festejos. Victorias electorales y su tumultuoso casamiento. La concesionaria de Costa Salguero es de la firma Telemetrix, cuyo accionista Fernando Polledo Olivera, es marido de la vicepresidenta de la Legislatura Porteña, Carmen Polledo, partidaria del PRO.

Muerte por clases

Tal vez asociar clases sociales o estilos musicales con droga, es parte de una desinformación a la que nos acostumbramos como parte de un sin-fin de gruesas anomalías. Nos curtimos de manera tal que la indignación pasa a ser parte del mismo espectáculo.

Victimizar a la víctima o simplemente absolverla por ser un adolescente de cierto sector privilegiado, no supera nunca la discusión de la mesa chica del estudio televisivo.

El mundo está dividido en clases. La muerte iguala. Porque el juventicidio se ensaña, sí con los de abajo, pero también contra cualquier manifestación cultural para contaminarla con un negocio, impiadoso, hipócrita y asesino. Los mercaderes, presumiblemente, no vayan a ningún tipo de estas fiestas. Pero sí a grandes banquetes. Ocuparán tal vez algún cargo, o revolverán el whisky en un country del Nordelta.

La droga es un negocio y tiene sus negociantes. Desde los tiempos de la Guerra del Opio. Prevalece el comercio por sobre la vida. En épocas en que el imperio británico compraba a China té, seda y porcelana. China no demandaba muchas mercancías al Reino Unido; este último se vio con déficit comercial y debía pagar esos productos con plata.

El Imperio comenzó, en el siglo XVIII, a enviar en forma de contrabando opio a China desde la India Británica, para tratar de compensar su déficit. El comercio del opio creció exponencialmente, y el envío de plata a China fue cada vez menor. Daoguang, el emperador Chino, prohibió la venta y el consumo de opio en 1829 debido a que una gran proporción de sus compatriotas había caído en la adicción. Los británicos veían en éste el producto ideal que los ayudaría a compensar el déficit con China. Esto desató las guerras. Los subsiguientes tratados firmados entre ambos países hicieron que varios puertos de China se abrieran al comercio con Occidente. Esto llevó a que cayera la economía china. Se considera la primera guerra por drogas.

El comercio de las drogas nunca cesó desde entonces, y se paga con vidas. Sin embargo, vergonzosamente, desde poderes fácticos, se pretende imponer la idea de que el consumo se produce a raíz de una decisión meramente individual. O se adhiere, como una verdad infalible a que la música, según el estilo, responde a la ingestión de tal o cual sustancia psicoactiva.

Música y reviente

La música no es para las pastillas. Ni las drogas son para los pibes. Es un cruento procedimiento de destrucción masiva, de subjetividades, de sueños. Imposición y estigma. Desde propagandas legales, desde soldaditos emisarios sin futuro, desde fraguados combates, desde transas locales, que de repente se convierten en efectos colaterales, y chivos expiatorios.

Asociar diversión con reviente, es la función asumida por la publicidad. Y finalmente el cuerpo humano revienta. Porque la biología tiene un límite, y los comerciantes del exterminio lo saben. Porque pibes seguirán naciendo y muriendo, y los acumuladores de riquezas seguirán contando tantos dólares como cadáveres.

Para más datos de consumo sepamos que según el trabajo de la Dra. Curi en el Programa Nacional de Actualización Pediátrica 2015, se señala al alcohol etílico o etanol como la droga más consumida en todos los tramos de edad, sin diferencia de sexo ni clases sociales. Se trata de una droga legal y contribuye a más muertes en los jóvenes que el conjunto de todas las drogas ilegales.

La Sociedad Argentina de Pediatría (SAP) señala en un informe del 18 de abril que:” Las pastillas que se venden en la noche de fiestas electrónicas, no siempre contienen las mismas sustancias aunque se vendan como éxtasis. Cada 2 o 3 semanas aparecen nuevas “rolas”, que contienen distintas metaanfetaminas que son más o menos tóxicas que el MDMA.

“En la fiesta electrónica del viernes 15 de abril las vedettes fueron la hipertermia, la deshidratación, el fallo multiorgánico, generado por una droga de diseño que se llevó 5 vidas y tiene 5 en peligro por el momento. La desinformación, el ambiente caluroso y la falta de hidratación fueron los compañeros en este evento desafortunado. (…) Por lo referido, la pastilla que se encuentra involucrada es Superman o criptonita, una metanfetamina denominada PMMA o parametoximetaanfetamina. Es una droga que aparece en Europa hace unos años, generando estos mismos cuadros y llevándose vidas”, completa el informe la SAP.

Maltrato y liberación

La Agencia de Noticias Redacción (ANReD) señala lo llamativo de que esta vez el maltrato juvenil haya ocurrido en un evento asistido por una juventud de perfil social más próspero, o como suelen decir, “chicos bien”. “Pero el propósito es señalar los entramados de corrupción institucional, maltrato juvenil y encubrimiento mediático, que incluso puede atentar contra sectores de la propia clase dominante, sin por ello descartar el carácter de clase y estereotipos que suele existir en la mayoría de estos episodios.”

La diversión, la música, el baile, y cualquier tipo de manifestación artística, no cesarán nunca. Ya que el arte es liberador por sí mismo. Walter Benjamin concluye: “una vez que el arte es despojado de su aura a través de intervenciones tecnológicas, su labor cultural se convierte necesariamente en una cuestión de política”. Así mismo el científico social Theodor Adorno, sugiere: “la dinámica interna de una pieza de música puede y debe funcionar como una respuesta directa al capitalismo y la guerra.”

Mientras la vida se va, tendremos que invitar a la cultura para que siga cantando, como dice León Gieco. Para llorar nuestros muertos, pero también para sembrarlos, y aunque cada uno sea irreemplazable, seguir pariendo futuro, para que en un fogón de noche fría confluyan todas las canciones y todas las danzas transformadoras, transgresoras y atrevidas que puedan quitar la sonrisa perversa a la misma muerte, y ensamblar una única pieza en clave de sol.

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