En defensa propia
Miércoles 27 de abril de 2016, por Juan Carlos Giuliani *
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No tenemos vocación de espectadores o de meros comentadores de la realidad. Somos parte de ella. Nos involucramos. Damos pelea. Mantenemos intacta nuestra identidad de clase. Somos artífices de nuestro destino. La CTA Autónoma viene siendo protagonista del conflicto social. Hemos participado de los cinco paros nacionales realizados al Gobierno anterior y seguimos dando pelea en todos los frentes para frenar el ajuste.

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* Periodista. Vocal de la Comisión Ejecutiva Regional de la CTA Autónoma Río Cuarto. Secretario de Relaciones Institucionales de la CTA hasta septiembre del 2018.

Estuvimos en el Congreso de la Nación para instalar junto a otras centrales una agenda social que pare los despidos, modifique el Impuesto al Salario, cese con la criminalización de la protesta y vuelva a colocar el 82% móvil para los jubilados en el tapete; y en la calle, en la movilización, en las Jornadas Nacionales de Lucha del 29 de marzo y el 19 de abril, haciéndonos cargo de la disputa por la renta con el poder hegemónico.

Este 29 de abril, en vísperas de una nueva conmemoración del Día del Trabajador, junto a las otras cuatro centrales sindicales, la CTA Autónoma volverá a ganar la calle para afirmar con toda claridad que la resignación no hace historia. En defensa propia, pero también construyendo colectivamente las propuestas que demanda la hora para organizar poder popular y generar los consensos políticos imprescindibles para refundar una Argentina diferente.

Aunque algunos se hagan los distraídos estamos en los prolegómenos de una catástrofe social si tenemos en cuenta los tarifazos, la ola de despidos -no tan sólo en el sector estatal sino también en el privado-, la caída abrupta del salario y, por ende, la retracción en el consumo y el consecuente parate de la economía. El principal problema que tienen hoy por hoy los sectores populares es llegar a fin de mes con sus ingresos pulverizados por la inflación.

No hace falta estar doctorado en Economía para apreciar que los despidos en el Estado y en la actividad privada más la inflación, que es incontenible, están golpeando brutalmente el bolsillo de los trabajadores. Por ello la manifestación del 29 de abril será multitudinaria y, seguramente, de no haber respuestas satisfactorias a los reclamos urgentes del movimiento obrero de parte del Gobierno, se constituirá en la antesala de una Huelga General en mayo.

Desde que asumió Macri han empeorado todos los índices de desarrollo social: Aumento de la pobreza, de despidos, de precios, de las tarifas y la consecuente baja de salarios. Este Gobierno carece de contenido social. Se apresura y es muy eficiente a la hora de responder a los reclamos de los grupos económicos concentrados y demuestra una lentitud exasperante para resolver los problemas de los que menos tienen.

A esta película que nos propone el Macrismo ya la hemos visto en los ’90. Despidos masivos, resignación de salarios a cambio de mantener la fuente laboral por el miedo a perder el trabajo, recesión económica, caída del consumo, más despidos. Es un círculo vicioso que hay que frenar a tiempo. Vamos camino a una gran medida de fuerza de alcance nacional en mayo si el Gobierno persiste en hacer oídos sordos al pliego reivindicativo de los trabajadores que viven penando para llegar a fin de mes.

La unidad se da en la calle

Los trabajadores están unidos, en todo caso las diferencias se dan a nivel de dirigentes. En rigor de verdad, nunca hubo en nuestro país una sola central obrera desde la FORA hasta acá. Siempre hubo centrales y dirigentes colaboracionistas, participacionistas, alcahuetes, tanto de gobiernos democráticos como militares, por un lado y, por el otro, centrales y dirigentes que navegan contra la corriente, rebeldes, combativos y contestatarios frente al poder de turno.

Somos abanderados de la unidad del campo popular. Ahora bien, venimos de una fractura provocada desde el Gobierno en 2010. Durante ese tiempo hemos tenido una concepción y práctica diferente con los compañeros de la otra CTA y, evidentemente, miradas políticas distintas acerca de la caracterización y evaluación de las políticas ejecutadas por el Gobierno anterior. Por lo tanto, y partiendo de que los trabajadores abrigan ese espíritu de unidad, hay que pensar que será un proceso, una construcción, que se va a dar en la calle, en la pelea y no como consecuencia de acuerdos de superestructura.

La construcción de la nueva Central que se corresponda con la actual etapa política no se va a dar de la noche a la mañana. Es un camino a recorrer para que sea una expresión unitaria genuina, para que no nos junte el espanto sino que la unidad sea producto de la organización consciente de los trabajadores para ponerle un freno al ajuste macrista.

Que el árbol no nos tape el bosque. A la par de alimentar en el día a día la unidad de acción para reagrupar el Movimiento Popular, la CTA no tiene que cejar en su propósito de afianzar la organización de los trabajadores en sus lugares de trabajo, fundamentalmente en el ámbito privado, tal cual lo mandataron los últimos congresos de la Central.

Es fundamental promover la elección de delegados en las empresas privadas y en todas las reparticiones estatales. He allí la fuerza de la organización. La Resistencia Peronista del 55 fue asumida por los cuerpos de delegados ante la claudicación de las conducciones sindicales burócratas y no es casualidad que el 67 por ciento de los desaparecidos sean trabajadores.

Desde abajo

El poder tomó nota de la organización que implican los delegados en los lugares de trabajo. Por eso, el terrorismo de Estado lo primero que hizo es ir a buscar a los delegados en las fábricas, las oficinas, las aulas, las universidades, para eliminarlos y por eso hoy sólo el 18 por ciento de los establecimientos privados tiene delegados gremiales. Más del 80 por ciento no lo tiene por el contubernio entre el Ministerio de Trabajo, las patronales y la burocracia sindical. El mejor antídoto contra la precarización y el ninguneo de los obreros es impulsar la elección de delegados en todos y cada uno de los lugares de trabajo.

Hay una línea de tiempo entre ayer y hoy. Vienen a refundar el país soñado por la oligarquía -ahora con el voto-, y eso implica la reprimarización de la economía, la apertura económica, la baja salarial, los despidos, la precarización laboral y la promoción de un ejército de desocupados.

El 24 de marzo de 1976 no fue un golpe más, fue un genocidio, ejecutado por los militares, pero los autores ideológicos fueron los grupos económicos dominantes que continúan llevándose la parte del león -mientras solo dejan migajas para el pueblo sufriente- y que están envalentonados después de haber ubicado el 10 de diciembre a uno de sus hijos dilectos en la Presidencia de la Nación.

El mejor homenaje a los 30 mil compañeros que lucharon y murieron por una Patria Liberada es seguir adelante con esas banderas de liberación nacional y social para enfrentar el proyecto de restauración oligárquica que representa Macri.

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