La foto
Martes 30 de agosto de 2011, por Ricardo Peidro *
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Ver a los patrones sonriendo con cara del deber cumplido a uno le revuelve un poco las tripas, pero se sabe que son los que están enfrente cuando se discuten salarios, condiciones de trabajo, derechos laborales y por otra parte hace tiempo que acumulan ganancias extraordinarias. Es cuestión de clase.

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* Secretario General de la CTA Autónoma

Que los representantes del gobierno se exhiban festejando es parte del paisaje y del relato cotidiano. Una puesta en escena, un "como si". Se fijó un Salario Mínimo, Vital y Móvil que permitiría vivir dignamente a los trabajadores de este país. En realidad está lejos de ser vital, no se fijó el monto de la Canasta Básica, no se trató la precarización laboral, la discriminación en las asignaciones familiares, el 82% móvil etc., etc.

Como decíamos, forma parte del "relato posibilista".

La cosa se empieza a poner más amarga cuando aparecen en el retrato dirigentes gremiales que, aunque ya los vimos en otras fotos alegres y cómplices en los peores momentos de la clase trabajadora (privatizaciones, despidos masivos, desocupación), o que forman parte del control social del conflicto (intento de poner techos salariales, impedir elección de delegados y formación de nuevos sindicatos), nunca terminamos de acostumbrarnos, porque se supone que la trinchera a la que debieran pertenecer algunos hace rato la abandonaron y otros entran y salen sin que sepamos hacia donde apuntan "sus fusiles".

Pero lo que más nos impacta y nos sumerge en la indignación son los que durante años transitaron otro camino, defendieron otro modelo gremial y se mostraban indignados frente las injusticias de la precarización laboral, del hambre que sigue siendo un crimen y que alzaban la voz cuando se reprimía y asesinaban compañeros y no había posibilismo ni revés electoral que los frenara. Ahí están, forman parte de la foto.

Desde hace rato perdieron el rumbo y sólo lo encuentran en las alfombras oficiales, en las caricias de los funcionarios y en sus palmas de las manos coloradas de aplaudir medidas gubernamentales en actos a los que concurren sin siquiera saber previamente el tema por el que se los convoca.

Forman parte de ese decorado sabiendo que están entregando historia a cambio del dedo que les regale sellos que no le pertenecen, para usurpar cargos que los trabajadores con su voto les negaron.

La indignación que nos abruma no nos paraliza, porque sabemos que esa foto no es la película del día a día. Esa película en que transcurre la realidad que se traduce en la pelea de las compañeras y compañeros que se organizan, que se incorporan a la CTA por miles, individualmente o a través de sus agrupaciones o de las asambleas de los sindicatos u organizaciones sociales y territoriales, realidad que se expresó en el Congreso de 10.000 compañeros delegados en Mar del Plata o en el Confederal realizado hace pocos días.

La foto que mostraron los diarios nos enorgullece, por contraposición, del rumbo que hemos elegido. Nos seguiremos encontrando en la calle, en el conflicto frente a las patronales, en esta CTA que pretendemos de millones y en la Constituyente Social para construir el poder necesario que haga realidad los sueños que nos acompañan desde que decidimos como militantes que nuestra felicidad está atada a la de todos.

Y ese día que llegará, en la foto no faltará ningún compañero.

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