Presionados por el mercado y por los aparatos ideológicos
Miércoles 23 de marzo de 2016, por Marta Maffei *
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Mantener la rentabilidad de los capitalistas y/o incrementarla es la meta. El pretexto “legitimador” esgrimido desde los ámbitos públicos es alentar las inversiones. Es decir alentar más y mejores negocios para el mercado, esencialmente especulativo.

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* Docente. Ex Secretaria General de CTERA. Ex Secretaria Adjunta de la CTA. Diputada Nacional (MC) por Unidad Popular (UP)

En la práctica, significa descender todo tipo de barreras legales para no ahuyentar a los capitalistas: liberar mercados, aduanas, las obligaciones de contratar seguros, aliviarles o eliminar directamente las retenciones, recortar los beneficios laborales, descender controles y sanciones por incumplimiento, favorecer el extractivismo y los sistemas de producción contaminantes, mirar para otro lado cuando llega la hora de las remediaciones, reparaciones o indemnizaciones.

A partir del sostenido y costoso crecimiento de la producción científica y tecnológica orientada a controlar, acelerar y sustituir el trabajo humano, las empresas dieron una nueva vuelta de tuerca para mantener y acrecentar los márgenes de su rentabilidad apretando, otra vez, a los trabajadores que terminan financiando todos los costos con la pérdida de derechos y la reducción de su participación salarial en el PBI (en todo el mundo).

Absurdamente pagan con la reducción salarial, los costos de la tecnología que finalmente los sustituye con ventajas para el capitalismo: los aparatos no reclaman, no descansan, no piden vacaciones, no deben ser indemnizados por accidente, no se sindicalizan, no hacen huelga. No, no …por tanto son “inversiones productivas”.

Los trabajadores son llamados a comprender que la modernidad exige su colaboración, que “no podemos quedarnos fuera del progreso”, que son “inversiones indispensables” y en consecuencia descender sus “pretensiones”. Deben entender las dificultades empresariales con los crecientes costos del sistema debidos al aumento en el precio de las innovaciones científico-técnicas y también en los costos de la financiación.

Por otra parte deben tener en cuenta que es conveniente privilegiar el empleo a las demandas laborales, ya que el desempleo funciona en la práctica como la mayor amenaza. Desde luego, es también un condicionante fuerte a la hora de las luchas por la dignidad y los derechos laborales.

Desde otro ángulo, ese descenso en la participación de las ganancias por parte de los trabajadores, genera también una baja significativa en los consumos populares y la consecuente caída en las ventas. Vienen allí nuevos “aprietes”. Para legitimar los ajustes se plantea que la empresa está en riesgo, puede cerrar, tiene que suspender o despedir trabajadores, se va a terminar yendo del país (hacia mercados más flexibles y más explotadores) etc., etc..

Así se genera un espiral de degradación: pérdida de derechos, caída de consumos populares, despidos, ajustes…. Todo para asegurar la “indispensable” acumulación por parte de los grupos económicos que “deben” ser apoyados, sostenidos y alentados por los gobiernos que, más allá de sus pertenencias políticas, son en realidad instrumentos de esos grupos económicos cuyos CEOS ejercen ya, sin intermediarios, los cargos públicos que aseguran sus intereses económicos. Y lo peor es que consiguen legitimidad electoral y plazos para las barrabasadas.

Hay todo un arsenal discursivo que rodea la operatoria: inversiones, desarrollo, crecimiento, inserción en el primer mundo y bla, bla, bla… Espejitos de colores renovados para que sigamos agachando la cabeza y nos limitemos a ser consumidores de fantasías hacia un hipotético ascenso social en este escenario de retroceso y explotación impuestos por los sectores dominantes.

¿Como es posible? ¿Dónde perdimos la brújula? ¿En qué momento empezamos a creer en los argumentos del enemigo? Estoy convencida que esos escenarios son posibles solo por la persistente cooptación y contaminación cultural que padecemos.

Una contaminación cultural que sostiene todas las otras contaminaciones sociales, porque logra producir, prefabricar y difundir con aparatos ideológicos formidables una visión distorsionada, recortada y mentirosa de nuestra propia realidad, de nuestra capacidades para producir alternativas justas y democráticas para vivir con dignidad.

En primer lugar por el rol naturalizador, legitimador, adormecedor y estupidizante que cumplen los medios de difusión (dirigidos y controlados por los intereses económicos del establishment) que especulando sobre las necesidades y temores de los trabajadores, machacan sobre la importancia crucial de resignar derechos y reclamos.

Para “salir a flote”, supuestamente debemos abandonar el rol combativo en nuestros colectivos organizados porque es inútil y porque además no son confiables, son corruptos, están “entongados” con el poder. En fin toda una perorata para que nos quedemos en casa “gozando” del espectáculo adormecedor y esperemos sentados que el restablecimiento de la economía nos devuelva los derechos laborales. Cuando los mercados funcionen y el capitalismo se extienda con su impronta productiva y creadora.

Obviamente no desconozco las falencias del entramado sindical pero sé que eso se resuelve con participación, control y democratización de las representaciones gremiales y no quedándose en casa.

En segundo lugar, sin desacreditar la presencia de otros tantos factores contaminantes de conciencia, quiero referirme a un tema que me convoca directamente: El rol que cumple en este proceso el sistema educativo en su conjunto, desde el nivel inicial a las Universidades, particularmente en la democratización y justa distribución del conocimiento.

Advierto que profundas desigualdades sociales siguen recorriendo y condicionando los procesos educativos que se van alineando fuertemente con las demandas empresariales, nada de educación reparadora ni igualadora, nada de promoción social: formación como mano de obra barata para algunos sectores y técnicos o profesionales especializados para otros. La cuestión clave es sacar de las escuelas personas formadas conforme a las demandas de empleabilidad devenidas de los mercados. Eso es lo que hay que enseñar, lo que los modelos socioeconómicos en marcha demandan de nuestros egresados.

Lo peor es que los espacios académicos y de investigación, en los que se generan y recrean conocimientos, también están contaminados

El Dr. Andrés Carrasco lo define categóricamente. Cuando se refiere al rol de la academia: “Las Instituciones, las UN, el Conicet han sido penetrados y se han dejado penetrar. No es solo que las empresas los avanzan, los mismos institutos llaman a las empresas para que los solvente. La cultura está contaminada, tanto o más que el ambiente natural” .

Y sigue el Dr. Carrasco: “La gente sufre y los científicos se vuelven empresarios o socios de las multinacionales…terminan legitimando todas las tecnologías de las corporaciones”. “Debemos preguntarnos: ciencia para quién y para qué?. ¿Ciencia para Monsanto y para transgénicos y agroquímicos en todo el país? ¿Ciencia para la Barrick Gold y perforar toda la Cordillera? ¿Ciencia para el fracking y Chevron? Hay un claro vuelco de la ciencia para el sector privado y el Conicet promueve esa lógica. En los 90 estaba mal visto. Muchos le hicieron la vida imposible al menemismo para que esto no pasara y hoy aplauden de pie que la ciencia argentina sea proveedora de las corporaciones y lo peor es que lo hacen solo por conveniencias económicas”.

Es evidente que mayoritariamente la comunidad científica abraza un plan de legitimación para las tecnologías y productos devenidos de los grupos económicos. Callan. Consienten en medio del canto de sirena de los medios que alaban la supuesta rigurosidad científica y la ausencia de otros intereses que no sean el bien común, las mejoras a la productividad, la eliminación del hambre y la protección de la salud. Todo se hacen para salvar a la humanidad, ni especulación, ni negociados, ni corrupción, eso es patrimonio exclusivo de la política.

Por eso el rol de nuestras organizaciones sindicales, además de la defensa irrestricta de los derechos de los trabajadores, estamos obligadas a tener miradas profundamente humanizadoras, profundamente comprometidas con el esclarecimiento, la comprensión de la realidad, sus causas y consecuencias y fundamentalmente con la construcción de las alternativas plurales, democráticas y no resignadas que nos permitan confiar en nosotros mismos y organizarnos para revertir la vulnerabilidad y el miedo

Ni flexibilidad ni explotación. Mejoras en la distribución de la riqueza, menos horas de trabajo para alcanzar el pleno empleo sin reducción salarial, justicia en la distribución de los costos sociales. Los mayores beneficiados deben ser los que paguen. .

Como bien lo señala nuestro compañero Adolfo Aguirre, esto es parte de lo que se juega en las resistencias populares de Francia que, otrora, supo ser para muchos pueblos la avanzada en la consagración de los derechos del hombre y del ciudadano.

Tal vez sea nuestro tiempo social, el de América Latina, para levantar la bandera de la avanzada en la construcción de los nuevos derechos. Tal vez por eso haya tanto empeño de parte de los imperialismos en descalificar los incipientes caminos en la construcción de alternativas que se hacen aparecer como el pináculo de la corrupción.

Sin duda se han cometido errores, tenemos debilidades y limitaciones, pero no es por eso la crítica ni el empeño de los medios por denostar a los gobiernos populares del continente y/o a los luchadores populares. Se trata de que, aún en su fragilidad y limitaciones, han permitido el crecimiento de las resistencias populares y ese sí es un crimen imperdonable ¿No?

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