Otro mundo necesario
Miércoles 8 de abril de 2015, por Boaventura de Sousa Santos *
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Escribo desde Túnez, donde participo en el Foro Social Mundial (FSM), que por segunda vez consecutiva se celebra en el país que inició la “primavera árabe”, una semana después del atentado terrorista que mató 21 personas.

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* Doctor en Sociología del Derecho, profesor de las universidades de Coimbra (Portugal) y Wisconsin (EE.UU.)

El primer hecho notable es que más de 50.000 participantes, venidos de 121 países, no se dejaron intimidar por los extremistas y mantuvieron su participación como ejemplo de solidaridad con el pueblo tunecino, el país del Magreb que con más éxito realizó la transición de la dictadura a la democracia.

Un país pobre en recursos naturales, cuya principal industria es el turismo, está en el centro de una región que sirvió de cuna del capitalismo y siempre ha estado dominada por el comercio de recursos estratégicos, de oro en el siglo XIV al petróleo de nuestros días.

La riqueza de su diversidad cultural es impresionante, y está presente tanto en el arte y en la política como en la sociedad y la vida cotidiana.

Aquí se amalgamaron a lo largo de los siglos la cultura cartaginesa (pueblos bereberes y fenicios), romana, cristiana, arabemusulmana (de Oriente Medio y de la Península Ibérica), otomana, francesa. Aquí nació y escribió uno de los fundadores de las ciencias sociales modernas, Ibn Jaldún (1332-1406). Diez siglos antes, cerca de aquí, en la Hipona romana (hoy la ciudad de Annaba en Argelia) nació San Agustín que fue, entre otras cosas, un autor precoz del modernismo utópico y de la crítica anticolonial.

Hoy, y puede que para sorpresa de muchos, las mujeres son el 31% de los diputados en el Parlamento tunecino y, según los observadores más atentos, son las mujeres quienes han defendido más eficazmente la transición democrática en Túnez. Resulta difícil, por tanto, escapar a la magia de este lugar.

Al igual que en el primer encuentro del FSM realizado en Túnez, en 2013, el tema central fue la dignidad, un concepto amplio y de vocación intercultural donde caben los derechos humanos de raíz occidental y las concepciones de respeto por el ser humano, por sus comunidades y la naturaleza concebida como un ser vivo y fuente de vida propias de las cosmovisiones indígenas y campesinas y del islam coránico.

Dentro de este tema general se abordaron los debates más diversos sobre las tres principales fuentes de dominación y opresión de nuestro tiempo –capitalismo, colonialismo (racismo, xenofobia e islamofobia) y patriarcado–, debates a veces centrados en la denuncia y otras en la propuesta de alternativas.

A lo largo de los quince años del FSM algunos temas han ido ganando mayor centralidad: el avance aparentemente irresistible de la versión más antisocial del capitalismo (el neoliberalismo basado en el capital financiero), alcanzando ahora de lleno la Europa que se consideraba protegida; la escandalosa concentración de riqueza –según datos de la respetada Oxfam, las 85 personas más ricas del mundo poseen tanta riqueza como la mitad más pobre de la humanidad (3,5 mil millones de personas); la destrucción ambiental debido a la explotación sin precedentes de los recursos naturales; la expulsión de campesinos de sus tierras ancestrales para dar paso a la agricultura industrial y al acaparamiento de tierras a gran escala que implica; la invasión creciente de semillas transgénicas y de productos genéticamente modificados (desde la fruta al eucalipto), que retira a los agricultores el control de las semillas, destruye la biodiversidad, mata las abejas y provoca daños en la salud humana; el aumento de la violencia política y la necesidad de denunciar tanto el terrorismo como el terrorismo de Estado, que siempre ha recurrido a extremistas para proseguir sus objetivos; el trágico empeoramiento de las condiciones de vida de los palestinos, sometidos a la forma más violenta y salvaje de colonialismo por parte del Estado de Israel; la heroica lucha del pueblo saharaui por su independencia y liberación del colonialismo marroquí.

Quince años después del primer encuentro del FSM es el momento de hacer balance. El FSM ha permitido a los movimientos sociales de todo el mundo conocerse mejor y articular sus luchas. Los mejores ejemplos son, probablemente, Vía Campesina y la Marcha Mundial de las Mujeres.

Pero la verdad es que el mundo es hoy más violento, más injusto y más desigual, y muchos (incluido yo mismo) piensan que el FSM debería haberse renovado durante estos años y vuelto más interventor en la formulación de propuestas y políticas. Una cosa es cierta, el FSM ha demostrado que, aunque algunos duden de que otro mundo es posible, otro mundo es urgente y necesario.

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